Incluyendo sus islas, zonas costeras, playas, aguas, tierras, bosques, recursos naturales, todos apetecidos por naciones y personas extranjeras, en búsqueda de riquezas ajenas, apelando al recurso de la fuerza bruta o embozada
A partir de 1502, cuando Colón desembarca en nuestro territorio, se ofrecían baratijas a cambio de oro. De no aceptar tal trueque, se procedía a esclavizar a nuestros ancestros para laborar para los conquistadores, procediendo al despojo de sus heredades.
La conquista militar fue facilitada por la desunión entre las tribus indígenas, el “divide y vencerás” fue aplicado con éxito por quienes venían de allende el mar, con la bendición del papa Alejandro VI que repartió el mundo desconocido entre España y Portugal.
Al crearse un vacío de poder con la emancipación política alcanzada en 1821, Gran Bretaña fue constituyéndose en la nueva amenaza para la región. Centro América nació a la vida independiente amputada, al posesionarse Londres de Belice, Islas de la Bahía, La Mosquitia.
Al colapsar la Federación, a partir de 1838, la deuda contraída con bancos británicos fue dividida entre los cinco estados. El cañonear los puertos por la flota inglesa era una forma efectiva de obligar al pago de los préstamos y reclamos, reales o imaginarios, presentados por súbditos del Reino Unido, que ya en el siglo XVI-XVII eran los piratas que saqueaban las posesiones hispanas, traficando con esclavos negros.
A partir de 1898, con la victoria estadounidense contra España, que aún conservaba en condición de colonias a Cuba y Puerto Rico, Washington fue poniendo en práctica la Doctrina Monroe, “América para los americanos”. México había sido despojado de más de la mitad de su extensión territorial en 1846-47. El Caribe se transformó en “nuestro mar”, ocupando militarmente a Cuba, Haití, República Dominicana, Puerto Rico, Nicaragua.
Los novísimos conquistadores cuentan con malinches y judas locales estratégicamente ubicados en los tres poderes estatales para hacer realidad sus objetivos, coaligados con miembros de la élite local. Al igual que antaño, ofrecen señuelos, anzuelos, ilusionismos, espejismos: “progreso”, beneficios múltiples, “una vida mejor”, ¿para quiénes?
Las ZEDE representan el peligro más ominoso para Honduras desde la invasión salvadoreña de 1969. En aquella ocasión pueblo y Ejército forjaron exitosa unidad que permitió la defensa territorial. Similar actitud debería ser asumida hoy por civiles y uniformados, convencidos de la urgencia de presentar un frente unificado ante la real posibilidad de la extinción definitiva de la soberanía, honor y dignidad nacionales.
Múltiples amenazas acechan incluso la eventualidad del separatismo y la proclamación de “repúblicas libres”. ¿Permaneceremos ciegos, sordos, mudos mientras Honduras es despedazada?