El enorme grafiti que amaneció hace una semana en un tramo del puente «Fe y Esperanza» —una premonición de la lucha—, ubicado en el bulevar Suyapa, a la altura del Palacio de los Deportes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), ha desatado una ola de versiones y se ha multiplicado en muchas ciudades, pueblos, aldeas y caseríos, al mismo tiempo, en redes sociales, memes, billeteras, camisetas y hasta se ha expandido por medio de famosos de la música, futbolistas, estadios y conciertos con esa pregunta que se ha viralizado por todos los rincones, buscando el dinero y las respuestas que hasta hoy desconocemos.
El escrito pintado con letras blancas es una pregunta incómoda que reta para que se aclare dónde están los más de 4,500 millones de dólares que organismos internacionales han prestado a Honduras para atender la emergencia sanitaria que vivimos, más la espeluznante falta de transparencia, visto que no se ha realizado ni una veeduría legítima y confiable de los fondos, pero también es necesario aclarar la estafa de la que resultó objeto el Estado con la compra de los hospitales móviles, mismos de los que aún se están desatornillando las excusas para armar la pantomima de que ya no hay manera de recuperarlos, así como las doscientas cincuenta mil pruebas PCR —por su siglas en inglés, 'Reacción en Cadena de Polimerasa'— que Inversión Estratégica de Honduras (INVEST-H) compró y que se dañaron por no contar con la cadena de frío correspondiente para su conservación, pero lo que sí conservan es su puesto de trabajo con sus voluminosos salarios que dejan frío el presupuesto de la nación.
De acuerdo a las investigaciones del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), son más de noventa mil millones de lempiras los que se aprobaron para afrontar la actual pandemia en Honduras, sin tener hasta la fecha, la claridad en el manejo de los fondos destinados a la lucha contra el coronavirus que ya rebasa los cincuenta mil contagiados y casi los dos mil muertos que no le estorban al Gobierno, en cambio, lo que sí les estorba es el ahora famoso y turístico rótulo, tanto que al día siguiente el personal del Gobierno Central intentó borrar el grafiti con la escaza agua que no hay para los pobres, con el cloro que no han usado para desinfectar los hospitales y mercados, con gasolina, diésel, arena, mangueras de aire a presión y hasta con aceite quemado, situación que provocó accidentes de conductores de motociclistas en la zona.
Ya por último, lo cubrieron con tierra, ¡como los muertos que quieren ocultar por la corrupción! Si lo único que faltó fue dinamitar el puente, y a lo mejor lo pensaron e hicieron cálculos de cuánto se gastaría y cuánta sería la «ganancia» para cruzar al otro lado de la vergüenza. En fin, hicieron de todo para evitar que no se leyera, pero lo que provocaron fue que una multitud de personas se dedicara con decisión y valentía a retocar el grafiti con pintura, mientras tanto, otros ciudadanos se sumaron en vehículos y salieron en una caravana por la capital, con el mensaje pintado en los cristales de sus carros.
Imagínese, usted, si este Gobierno especialista en lavar se dedicara a limpiar con esfuerzo y energía el gigante letrero de la miseria, corrupción, delincuencia, narcotráfico, analfabetismo, violencia… —De paso, sería bueno que se dieran una limpieza moral—, Honduras fuera un país sin mancha, como la pandemia que recorre el mundo, ya que acá se aprovecharon de ella para lavarse las manos con agua y jabón y quedarse en sus oficinas contado la plata que se han robado y abultando cartas de libertad que vuelan como confeti en estos tiempos que la gente está confinada para sacar de la cárcel a la dama de los millones, a toda una red de congresistas corruptos y a uno de los lavadores de dinero del mega fraude del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS). Todo esto bajo el inmenso y obscuro cielo del nuevo Código Penal, por el que se rasgaron las vestiduras y se «pintaron» ellos solos, con esa indeleble pintura de la corrupción.
¿Dónde está el dinero? Honduras lo exige, y seguirá exigiendo porque no solo hay que tener la «pinta» de indignando ¡Hay que indignarse!
El escrito pintado con letras blancas es una pregunta incómoda que reta para que se aclare dónde están los más de 4,500 millones de dólares que organismos internacionales han prestado a Honduras para atender la emergencia sanitaria que vivimos, más la espeluznante falta de transparencia, visto que no se ha realizado ni una veeduría legítima y confiable de los fondos, pero también es necesario aclarar la estafa de la que resultó objeto el Estado con la compra de los hospitales móviles, mismos de los que aún se están desatornillando las excusas para armar la pantomima de que ya no hay manera de recuperarlos, así como las doscientas cincuenta mil pruebas PCR —por su siglas en inglés, 'Reacción en Cadena de Polimerasa'— que Inversión Estratégica de Honduras (INVEST-H) compró y que se dañaron por no contar con la cadena de frío correspondiente para su conservación, pero lo que sí conservan es su puesto de trabajo con sus voluminosos salarios que dejan frío el presupuesto de la nación.
De acuerdo a las investigaciones del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), son más de noventa mil millones de lempiras los que se aprobaron para afrontar la actual pandemia en Honduras, sin tener hasta la fecha, la claridad en el manejo de los fondos destinados a la lucha contra el coronavirus que ya rebasa los cincuenta mil contagiados y casi los dos mil muertos que no le estorban al Gobierno, en cambio, lo que sí les estorba es el ahora famoso y turístico rótulo, tanto que al día siguiente el personal del Gobierno Central intentó borrar el grafiti con la escaza agua que no hay para los pobres, con el cloro que no han usado para desinfectar los hospitales y mercados, con gasolina, diésel, arena, mangueras de aire a presión y hasta con aceite quemado, situación que provocó accidentes de conductores de motociclistas en la zona.
Ya por último, lo cubrieron con tierra, ¡como los muertos que quieren ocultar por la corrupción! Si lo único que faltó fue dinamitar el puente, y a lo mejor lo pensaron e hicieron cálculos de cuánto se gastaría y cuánta sería la «ganancia» para cruzar al otro lado de la vergüenza. En fin, hicieron de todo para evitar que no se leyera, pero lo que provocaron fue que una multitud de personas se dedicara con decisión y valentía a retocar el grafiti con pintura, mientras tanto, otros ciudadanos se sumaron en vehículos y salieron en una caravana por la capital, con el mensaje pintado en los cristales de sus carros.
Imagínese, usted, si este Gobierno especialista en lavar se dedicara a limpiar con esfuerzo y energía el gigante letrero de la miseria, corrupción, delincuencia, narcotráfico, analfabetismo, violencia… —De paso, sería bueno que se dieran una limpieza moral—, Honduras fuera un país sin mancha, como la pandemia que recorre el mundo, ya que acá se aprovecharon de ella para lavarse las manos con agua y jabón y quedarse en sus oficinas contado la plata que se han robado y abultando cartas de libertad que vuelan como confeti en estos tiempos que la gente está confinada para sacar de la cárcel a la dama de los millones, a toda una red de congresistas corruptos y a uno de los lavadores de dinero del mega fraude del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS). Todo esto bajo el inmenso y obscuro cielo del nuevo Código Penal, por el que se rasgaron las vestiduras y se «pintaron» ellos solos, con esa indeleble pintura de la corrupción.
¿Dónde está el dinero? Honduras lo exige, y seguirá exigiendo porque no solo hay que tener la «pinta» de indignando ¡Hay que indignarse!