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Fuerzas políticas, grupos de interés y el bien común

Además de las derivaciones de cómo ha influido en cada ciudadana y ciudadano este proceso electoral, la sociedad debe tener en cuenta que los líderes de las fuerzas políticas afrontan el gran reto de cómo dar el paso desde la coyuntura del resultado electoral hasta el grado de la gobernabilidad.

Para llegar a la gobernabilidad, los líderes de las fuerzas políticas juegan un rol determinante si en su imaginario y propósito prevalece el interés común sin soslayar cómo pueden influir los grupos de interés.

Los líderes de las fuerzas políticas generan balance y equilibrio para que nunca los fines particulares de los grupos de interés sean más fuertes y solamente predominen sobre los más pequeños y, peor aún, sobre el bien común.

Los grupos de interés son legítimos en todas las democracias, es normal que entre estos y los partidos políticos existan relaciones incluso hasta de una interdependencia recíproca. También es normal, pero además debe ser una norma que los partidos políticos cubran una gama de intereses y temas que demandan organizaciones y entidades de la población y sociedad civil.

Teniendo claro que no debemos satanizar a los grupos de interés, es saludable diferenciarlos de los grupos de presión porque estos últimos buscan la manera de influenciar a la opinión pública y aunque no buscan el poder político, presionan en la toma de decisiones, son los que velan solo por ellos, y en las crisis sociales y políticas son cíclopes.

Siempre, y no solo en las crisis sociales y políticas, la sociedad, al igual que el individuo, se desarrollan en un proceso de satisfacción de necesidades.

Cuando un pueblo tiene que enfrentarse con varios problemas en los que se trata de la satisfacción de sus necesidades, las poblaciones desarrollan una serie de actitudes, pueden ser favorables hacia la clase política cuando satisfacen sus impulsos y necesidades, pero no solo en el sentido de objetivos, sino también de medios para alcanzarlos y se crean también actitudes desfavorables cuando no se hacen cambios positivos para el bien común, sino solo para ciertas minorías.