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Frente a la tumba de un humanista

En 1998, Honduras era sacudida por el huracán Mitch, mismo que, como si hubiese andado con un mapa, recorría todos los departamentos del país, dejando una estela de dolor por donde atravesaba. Parecía que tenía la consigna de destruir todo lo que encontrara a su paso. Los daños fueron cuantiosos en pérdidas de vidas humanas, puentes, aeropuertos, carreteras y viviendas.

Ese doloroso acontecimiento fue el punto de encuentro de ciudadanos hondureños nobles y una comunidad internacional que, sacudida por las imágenes de dolor que se transmitían de forma continua, acudió en generosa ayuda a la nación devastada. Evaluar en detalle toda la ayuda solidaria venida de otras naciones y la participación de hondureños comprometidos con la causa humanitaria que invocaban los daños, sería imposible. Cada ciudadano vivió su propia experiencia y la que gravitó en su entorno, en una situación en la que todos fuimos tocados en las entrañas más íntimas de la existencia humana.

En la Cancillería de la República había sido nombrado, por el presidente Carlos Flores (1998-2002), el arquitecto Fernando Martínez, quien por esa condición tuvo la tarea de gestionar y coordinar la ayuda internacional.

Conocimos los trabajos que el arquitecto Martínez realizaba con la cooperación internacional, especialmente con la llegada de la brigada médica cubana al país, brigada que estuvo integrada por alrededor de 200 profesionales de la salud, los que se instalaron en los lugares más intrincados y que habían sido más afectados.

Lo ocurrido a Honduras, y en menor medida en otros países de Centroamérica, fue motivo para que la dirección del Estado cubano, encabezada por Fidel Castro Ruz, dispusiera crear la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas (ELAM). En aquel momento, Honduras fue el país más favorecido con el otorgamiento de 250 becas para jóvenes que deseaban estudiar medicina.

El arquitecto Martínez nombró una comisión para que formara parte del equipo integrado por ambas naciones, Honduras y Cuba, con el fin de seleccionar a los jóvenes que irían estudiar a la ELAM, para lo cual, sin que fuéramos funcionarios gubernamentales, nombró a la Dra. Vilma Díaz, licenciada Olimpia Córdoba y al que suscribe esta opinión. Desde aquella fecha, más de mil jóvenes hondureños han ido estudiar a la ELAM, muchos de los cuales lograron estudiar especialidades.

Hay que destacar que cuando Cuba otorgó estas becas, todavía Honduras no había restablecido sus relaciones diplomáticas con aquel país. Recién ha fallecido el arquitecto Martínez; el que será recordado por su labor social, cultural y hasta religiosa; quien, siguiendo una tradición familiar, todos los años, en época de Navidad, se daba a la tarea de reconstruir, con pasión y devoción, el nacimiento del Niño Jesús en lugares de fácil acceso al público capitalino, la representación de ese acto religiosos lo combinaba muy hábilmente con la vida social y política del país.

Sobre el fallecimiento del arquitecto Martínez, podemos decir como dijo en algún momento José Martí: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.