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Entrar en la cultura de la prevención

Conozco a un empresario que ante los destrozos ocasionados por el huracán Eta respondió poniendo a disposición una suma considerable para hacer frente a las necesidades económicas de sus empleados que habían perdido casi todo lo que tenían. En esta misma empresa, varios trabajadores se ofrecieron para limpiar las casas de sus compañeros de trabajo que habían quedado sumergidas en las aguas de las inundaciones. Otros han respondido poniendo a disposición sus lanchas para salvar vidas humanas y casi todos los buenos hondureños reaccionaron casi al instante donando artículos de primera necesidad para aliviar en lo posible las enormes necesidades de miles de compatriotas que lo perdieron todo.

Esta actitud generalizada de solidaridad que gracias a Dios observamos ahora no es improvisada. Las dificultades a las que parece estar expuesto con frecuencia el pueblo hondureño han hecho que se vaya forjando poco a poco la solidaridad que vemos en estos días. En los momentos difíciles es cuando salen a relucir los valores y los principios de una nación entera y dentro del dolor de las pérdidas humanas irreparables. Pensaba con cierta tristeza que el impacto con que nos han afectado el fenómeno del coronavirus y las inundaciones del huracán Eta se deben a la cultura de falta de previsión y preparación que poseemos. Me parece muy bien que ahora pensemos en las víctimas y en cómo paliar sus necesidades. Sin embargo, lo aprendimos de forma dura después del huracán Mitch, lo más difícil vendrá después.

Gracias a Dios en estos momentos son muchos los que somos más conscientes de las necesidades de miles de compatriotas, pero lo más difícil vendrá cuando estas personas se encuentren sin fuentes de trabajo con qué remediar sus necesidades. La prudencia nos debería llevar a sacar lecciones de los desastres naturales y epidemiológicos a los que nos hemos visto expuestos. Es hora de tomarnos en serio entrar en una cultura de prevención que nos lleve a estar mejor dispuestos para posibles eventos futuros. Evidentemente es difícil pensar en cómo hacer frente a una inundación de magnitudes descomunales o en cómo mitigar los efectos en la salud debidos a una pandemia que nadie se esperaba, pero precisamente de eso se trata, aprender a ver a más allá, a largo plazo y prepararnos mejor para posibles eventos futuros. Esta tarea conllevará a reconstruir la credibilidad y profesionalidad institucional de parte de los entes creados para brindar asistencia a la población en caso de emergencias.

También hará falta un esfuerzo económico y material para disponer de protocolos y procedimientos necesarios en casos de desastre. Hará falta un esfuerzo integral que, por supuesto, no deje de lado el factor educativo. Es tal vez esta la parte que debe prepararse con más paciencia y perseverancia. Crear una cultura solidaria pero sobre todo preventiva que nos lleve a poner los medios para prepararnos para eventos de desastres futuros. Evidentemente la solidaridad es una virtud importante que necesitamos para estos momentos difíciles. Pero también hemos de aprender a ser prudentes para tener la valentía de cuestionar qué hemos hecho, qué errores hemos cometido en el pasado y aprender las lecciones necesarias para estar mejor preparados en el futuro.