Tres aspirantes, Ramón Villeda Morales por el liberalismo; Tiburcio Carias Andino por el nacionalismo, y Abraham Williams Calderón por el reformismo, disputaron los comicios del año 1954, meses después de las históricas huelgas obreras de mayo-julio que permitieron la irrupción de nuevas fuerzas sociales al escenario político: proletarios y sectores medios.
El liberalismo no accedía al poder desde 1932, el nacionalismo pese a ocuparlo desde esa fecha, se presentó dividido a las urnas: cariístas y reformistas.
Continuaba vigente la disposición constitucional de que el triunfador debía obtener la mitad de uno del total de sufragios, de no lograrlo correspondía al Congreso escoger al sucesor de Juan Manuel Gálvez como nuevo gobernante.
El censo electoral de 1953 registraba 326,583 electores masculinos, el de 1954, 411,354, un incremento del 26%.
La población total ascendía a 604,800.
Villeda Morales prometía legislación laboral y agraria, seguridad social, derecho femenino al sufragio, sus contendientes continuidad de políticas, oposición al comunismo, estabilidad.
El resultado del recuento fue: liberalismo: 121,000 votos (48%), 26 diputados; nacionalismo: 78,000 (31%), 19 parlamentarios; reformismo: 53,000 (21%), 11 congresistas.
Villeda Morales alcanzó mayoría relativa, no absoluta, por lo que inició aproximaciones con Williams Calderón para obtener su respaldo. Este optó por otorgar su respaldo a Carías Andino, pese al distanciamiento entre ambos.
Cuando debían iniciarse las sesiones legislativas para escoger al próximo Presidente, no se alcanzó el quórum requerido, al no comparecer los diputados azules.
La crisis política irrumpió, agravada con la decisión de Gálvez de abandonar Honduras por supuestos quebrantos de salud.
Asumió el Ejecutivo el vicepresidente Julio Lozano. Al concluir el sexenio presidencial se proclamó jefe de Estado.
Sus pretensiones continuistas, en un ambiente represivo que unió en su contra a liberales y cariístas, culminó con las descaradamente fraudulentas elecciones de octubre de 1956, impulsando al Ejército a derrocarlo.
Irrumpían al escenario político, en condición de árbitro de última instancia, las Fuerzas Armadas.