En un recinto de bacanales, el partido político que encumbró las banderas de este gobierno lanzó su campaña de movimientos oficiales para alcanzar de nuevo poderío. Jamás vi tanta tragedia, crueldad, desfachatez e intriga en un espacio tan reducido y en una superficie solitaria como la estrella de los cachurecos.
Yo, tan ingenua y melancólicamente firme en mis lecturas, creí que había sorteado todas las trampas de la imaginación posible después de leer las novelas de las dictaduras y el cinismo en obras de Valle Inclán, “El tirano Banderas”; García Márquez, “El otoño del patriarca”; Jorge Canda, “La última visión”; Gioconda Belli, “La mujer habitada”; Isabel Allende, “De amor y de sombra” y “Eva Luna”; Mario Vargas Llosa, “La fiesta del Chivo”; Miguel Ángel Asturias en “El señor Presidente” y en la angustiada descripción surrealista que hace el poeta Roque Dalton: “En ocasión de haberse desatado un brote epidémico de viruela en El Salvador, el general Maximiliano Hernández se negó en absoluto a poner en práctica las medidas antiepidémicas modernas o aceptar la ayuda de los organismos internacionales de salud. Simplemente mandó a forrar en papel celofán de colores los faroles del alumbrado público, aduciendo que los rayos de la luz así matizados bastarían en purificar el ambiente, matando a las bacterias de la peste”.
¿Ya se imaginan lo que a estos arreadores de banderines se les puede ocurrir a fin de eliminar la plaga del dengue que arrasa con vidas útiles en estos momentos en el país? Mejor no demos ideas, ya que mañana probablemente amanezca Honduras forrado de papel azul para espantar tanto insecto, como propuesta de una campaña activa a favor del ser humano. El papelillo solidario puede llamarse a esta calculada y novedosa estrategia de márketing electoral. Pero esta realidad parece ser mordaz, pues causa asco ver cómo hacen algarabía los acusados de corrupción, que danzan dentro del clan Pandora, esa estructura criminal que estafó al Estado hondureño con casi 12 millones de dólares, recursos que tenían que ser destinados a proyectos agropecuarios y agroindustriales, con miras a fortalecer políticas alimentarias en distintos departamentos del territorio. Miramos a este pueblo que se derrumba en violencia y miseria; además, estos energúmenos del discurso de la abundancia bailan en círculos de burla con sus rostros maquillados con el propósito de encantar niños al igual que en un espectáculo de circo malo y caro. Si hasta al mismo presidente Hernández, que ha sido acorralado y agobiado con la acusación de su primera dama y cuñado, sus serviles lo han dejado solo y abandonado a su suerte. Esa es la naturaleza de los cuervos, sacar los ojos de quien los críe bajo el derroche dulce y suculento del tesoro público, porque esos pájaros van por la carroña que les espera, no por la que ya se saciaron. Y si alguna vez esta mafia llega a las bartolinas de la justicia, es bueno que tengan de cabecera el libro de “El señor Presidente” para tener la claridad opresiva del poder, y no la risa embalsamada de cinismo cuando lean el nuevo Código Penal.