Columnistas

El odio hacia la autoridad

Honduras comparte con América Latina una historia política llena de tiranías y escándalos que han contribuido en muy poco a la buena imagen de la autoridad.

El término es relacionado con el miedo y la intimidación. Sin embargo, el origen de la palabra tiene en sus entrañas el servicio.

La palabra autoridad proviene del latín auctoritas, que se derivó de auctor, cuya raíz es augere, que significa aumentar, promover, hacer progresar. Y es verdad que todas las instancias de gobierno y autoridad fueron creadas para cumplir unos objetivos que hagan progresar a una comunidad, sea esta un barrio, una ciudad, un estado o una nación.

La historia de la autoridad en el país y el continente ha hecho que se cree una imagen muy pobre y resistida por parte de la población. En Honduras, el personaje corrupto por antonomasia es el gobernante, la autoridad y por supuesto el político, quien llega al poder, irónicamente, por el voto del pueblo que lo odia, una contradicción a todas vistas.

El problema es que esta generalización le cierra las puertas y a veces le daña la imagen a quien sí posiblemente tiene una vocación de servicio (no digo que sean muchos); por otra parte, impide que el aparato de gobierno se vuelva un aliado de la población, como esta de sus gobernantes, porque de entrada hay un choque entre las “fuerzas”. Se ve al aparato de gobierno como una oposición.

Como apunté antes, el político, supuestamente repudiado, llega al poder por elección popular. ¿Qué quiere decir esto? Será como dice nuestro refranero popular que “odiamos del diente al labio” o es parte del discurso del hondureño decir que fulano o mengano es corrupto por el mero hecho de llegar al poder u ocupar tal o cual cargo, sin profundizar en las acciones del fulano y que por eso a la hora de elegir no tiene remordimiento en votarlo.

Desde una objetividad, solamente recomendaría que se examine con lupa a cada uno y luego se juzgue en función de la persona y no de su investidura.

Pienso que el prejuicio es natural que exista en una sociedad tan golpeada por la corrupción, pero no puede ser lo que controle totalmente el juicio de los ciudadanos; incluso, puede aplicarse a los bandos políticos, quienes olvidan que más allá de los sistemas, lo que falla son las personas que lo aplican, quienes se obsesionan con el poder, para una muestra Venezuela, por mencionar un ejemplo inmediato.

No importa si se está en el aparato de gobierno o si se emprende una lucha social, el objetivo principal siempre debe ser el progreso y el bienestar de la comunidad.

Cárcel y repudio para los corruptos, pero honor para los que hacen honestamente y bien su trabajo.