El Mundial silencia al mundo... ¿pero?

La Copa del Mundo de fútbol se convierte cada vez más en un parque de atracciones VIP, que se deja ver en todos los rincones del mundo y mueve, no sólo gigantescas aficiones, sino, además, provoca una danza de miles de millones de dólares, algo inimaginable en 1930, cuando se disputó en Uruguay el humilde primer torneo

  • Actualizado: 17 de julio de 2026 a las 14:13

El domingo 19 de julio, cuando el árbitro pite el inicio de la final de la Copa del Mundo 2026, el planeta entero experimentará una parálisis coordinada que ninguna crisis política o económica logra provocar. Algo similar solo se vio el 20 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre en pisar la Luna y el planeta entero lo vio en directo.

Los expertos conceden a este fenómeno deportivo-social-económico un poder anestésico y unificador único, con un impacto que alcanza todos los rincones, pues un gol en la final entre España y Argentina disparará gritos y celebraciones ya sea en Madrid, Buenos Aires, Guatemala, Santo Domingo, San Salvador, Tegucigalpa, Lima, Asunción, cualquier aldea en la cierra mexicana o una sofisticada ciudad japonesa.

Según datos del Bank of America, se espera que el impacto económico en Estados Unidos sea de unos USD20 mil millones, mientras que la FIFA se habrá embolsado la suma récord de USD 9 mil millones. Eso, sin contar la ola comercial que se genera a lo largo y ancho de todos los continentes antes y durante la celebración del campeonato.

La Copa del Mundo ya no es solamente el mayor torneo deportivo, sino que se ha convertido en una gigantesca vitrina comercial, en la que se venden derechos, entradas, patrocinio y hasta sube o baja de valor los jugadores, como si de acciones de la bolsa de valores se tratara.

Para la disputa de la primera Copa del Mundo en Montevideo (1930), cuatro selecciones cruzaron el Atlántico en barco y las demás eran de América, para un total de 13. Apenas si había radios que transmitían los partidos y el impacto económico, tanto en el país anfitrión, como para la propia FIFA, era realmente marginal.

Casi un siglo después, la Copa del Mundo se ha convertido en el evento global más exitoso, transmitido por televisión, radio y plataformas digitales, para convertir el fútbol en un auténtico centro de entretenimiento del que las grandes corporaciones obtienen generosas utilidades y gran promoción de sus marcas, así como relaciones públicas.

Si Lamine Yamal o Messi anotan un gol –en realidad cualquier jugador de ambas selecciones–, una explosión de júbilo tomará a los que se convierten en hinchas de La Roja o la Albiceleste durante los más de 90 minutos que dura el partido.

Si alguien pensaba que las naturales polémicas por fuera de lugar, faltas o penales terminaría con la introducción de tecnología (VAR y balones con chip), este Mundial ha demostrado que eso nunca sucederá. No basta con la transmisión de las líneas mostrando el fuera de lugar o la repetición de las jugadas violentas o supuestas manos dentro del área, siempre habrá quien ponga en duda a los árbitros y a la propia tecnología.

Los aficionados han cuestionado muchísimas decisiones arbitrales y del VAR durante las diferentes etapas de este Mundial. No falta quienes sospechen que, por razones de marketing, la FIFA instruyeron a los árbitros para facilitar que avanzaran algunas selecciones con íconos como Messi, aunque no haya sustento que así lo pruebe.

Lo que sí ha quedado claro es que la FIFA sabe que ha descubierto una veta de oro puro, y que lo piensa explotar gota a gota, cada cuatro años. Por eso se incrementó el número de países participantes a 48, aunque ello se tradujo en muchos partidos con una calidad que no responde a lo que se paga por las entradas y transmisiones.La afición, sin saberlo, ha dejado de serlo, para convertirse simplemente en el “target” al que tratan de fidelizar.

El fútbol nació como deporte y distracción en un condado de Inglaterra, pero luego se masificó y hoy en día está en todos los rincones del mundo, lo que lo convierte en una especie de botín, del que todos tratan de sacar el mayor beneficio posible.

El fútbol y las copas del mundo han pasado de ser un espectáculo de las personas, a convertirse en una máquina que produce dólares. Ahora se cierra el capítulo del torneo número 22 de la historia, pero nada queda de aquellos inicios en los que competir, unir, desarrollar el juego, superarse y celebrar eran los objetivos principales.

Ahora es uno dominante: sacar la mayor ganancia posible del más grande evento deportivo que existe.Uruguay marcó el ilusionante inicio. México´70 fue el punto de quiebre con la transmisión por televisión a color de forma global.

Norteamerica´2026 pasará a la historia como el Mundial de las Corporaciones, con entradas VIP y la afición convertida en un target al que hay que exprimir sin qué se de cuenta...No importa quien gane, caerá el telón de la Copa del Mundo el domingo 19... y algunas semanas después se iniciará el ciclo para llegar a otro Mundial tripartito: España-Portugal -Marruecos.

La máquinaria para producr dólares no sólo no se detiene, sino cada vez se hace más sofisticada. ¿Deporte o negocio?

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