Como sombra, oculto, su voz no se escucha, su presencia brilla por su ausencia, estamos dejados a la mano de Dios, el liderazgo que se debe de ejercer se ha apagado, algunos dicen que por estrategia y la pregunta es: ¿estrategia de qué?
La capital no necesita de una persona que obedece directrices de la alta cúpula política, el municipio necesita de un líder que su presencia sea esencial para encarar este infortunio que asola la ciudad, el país, el mundo. Y no es que después de la pandemia el ciudadano que brincará de regocijo se irá a la ciclovía si en esta ciudad el uso de ese medio de transporte es exiguo por su topografía, además, el momento no es ser un topo haciendo y deshaciendo calles, el momento exige la presencia del líder
de la comuna.
Sabemos que un puesto año tras año desgasta, todos los días hay que lidiar con las ironías de las personas que lo adversan, conseguir capital para materializar proyectos de infraestructura, lidiar con el manejo de los desechos que cada día se acumulan como la montaña que Sísifo subía y la avalancha supera la infraestructura de recolección porque el acumulo de desechos es inmensa porque los ciudadanos tenemos una cultura de desaseo terrible.
Ya puede respirar tranquilo, Diosito le aplacó la sed que tenía este municipio que casi colapsaba por la falta de agua potable, y se santiguó y pidió que “Jesús nos socorra” porque la desidia de esta corporación ha ido dejando empapelado y engavetado el serio complejo del agua potable. Sabemos que hay proyectos diseñados hace años que ahora ya están obsoletos porque las décadas han pasado, la demografía ha crecido y la red de conducción se quedó corta, sin embargo, no se ha ampliado el sistema de purificación, el azolvamiento de las represas es cada vez mayor y no miramos las volquetas ni las máquinas de extracción de tierra profundizando más estas represas que ahora se llenan en un “tris” de dedos.
Han sido dos años, sin contar años atrás, que hemos tenido esta carestía, pero somos “genios” para hacer horarios de suministro del líquido vital, y la planificación de ampliación solo ha quedado
en proyecto.
Más este es un pequeño del inmenso mundo de problemas que la ciudad tiene que resolver a través de sus dirigentes, pero lo más triste es que nuestro alcalde no ha tenido presencia ante los medios de comunicación llevando la voz cantante de coordinar tareas conjuntas con los organismos encargados de combatir la pandemia.
Que le gusta trabajar en silencio, es una salida fácil de zafarse de la crítica, más en las guerras el silencio del líder es la pérdida de la batalla o de la guerra, deseamos ver a un alcalde protagonista de frente ante su pueblo, que día a día se plante con sus pantalones jeans bien amarrados y dicte leyes fuertes contra los violadores de las normas sanitarias impuestas por la Sesal, luchar hombro a hombro con Sinager, ir a los hospitales para ver sus necesidades y tratar de resolver los desastres de la pandemia en la medida que se pueda. Señor alcalde, sea proactivo, deje su voz escuchar, no solo en tiempos de política vernácula prometiendo lo que no hará, engañando al pueblo que es un alcalde de cambio, que es transparente y tantas promesas falaces que hacen para asegurar un puesto político o querer llegar a ser “señor presidente” para construir pasos a desnivel y puentes donde no hay ríos.