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Desempleo y la intuición de datos sueltos

Esta semana los medios de comunicación abordaron dos temas con profundidad informativa: el trastorno depresivo y el desempleo en Honduras. Muchos creen que el aumento de suicidios también se debe, entre otros factores, a la depresión por no tener un empleo, y aunque pareciera una premisa, no hay fuentes oficiales o estudios minuciosos que vinculen relación directa entre ambos temas. Nos faltan más estudios, estadísticas y diagnósticos que nos ayuden a tener un punto de partida para atender estos dos problemas sociales tan enormes, pero la intuición hoy día es importante para poder efectuar investigación científica, como, por ejemplo, en el caso del desempleo en Honduras hay datos sueltos que se publican de forma aislada que al conjuntarlos nos dan nuevas formas de entender este problema.

Poco se cree que el crecimiento poblacional influye en el desempleo, y más bien se coloca en un lugar protagónico el bienestar económico y la variable de crecimiento poblacional se le ve como marginal. Tomando algunas datos sueltos y aislados para sustentar y dar relevancia a que el crecimiento poblacional influye negativamente en el desempleo, y que no es el gobierno o el sector privado necesariamente los únicos que deben buscar soluciones, cito algunas de estas intuiciones. Si cada año 180,000 nuevos hondureños ingresan a la edad legal para trabajar (población económicamente activa), quiere decir que en los últimos 10 años cerca de dos millones de nuevos compatriotas batallan en el mercado laboral, y la tasa de crecimiento poblacional en el último año aumentó de más de ocho millones a más de nueve millones, y en los hospitales públicos se registran más de 20 mil nuevos nacimientos, entonces, ¿hacia dónde vamos con familias que aún tienen tres hijos promedio, con adolescentes que tampoco tienen empleo?

Un informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNAH indica que, de tres millones de personas en edad de trabajar, solo unos 900,000 están empleados, pero la población sigue creciendo, muchos que tienen trabajo no tienen evaluación y control de su desempeño, se vuelven “paracas” y otros más no se quieren jubilar. Amarrado el mercado laboral, los jóvenes sin empleo se siguen reproduciendo, sin ningún tipo de control natal. La avalancha de gente genera una importante presión sobre los empleos y los recursos