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Derramarás lo que llevas dentro

Un video que ha salido en estos días muestra a una muchacha llevando una taza de café. De repente, un desconocido la atropella e irremediablemente se derrama el líquido por la acera. Si la taza hubiera estado llena de vinagre, el accidente provocaría el desperdicio del vinagre; si se hubiera tratado de té, evidentemente el derrame sería de esta bebida. La reflexión que saca el video parece una tontería, algo evidente, pero si lo pensamos bien puede ser una lección interesante que nos haga cambiar.

La cuarentena nos tomó de improviso, igual que el atropello inesperado en el video. Existen ciertas situaciones para las cuales no estamos preparados y de repente, cambian por completo la fisonomía de nuestra vida. La fotografía tomada en ese instante refleja cuáles son nuestras prioridades e intereses hasta ese momento. Después de más de cuarenta días de estar en nuestras casas, ¿qué es lo que estás derramando en los demás?, la respuesta es obvia: sencillamente aquello de lo que está lleno tu interior.

Cambiar el corazón, llenarlo de cosas que valen la pena no es una tarea fácil. En primer lugar hace falta un esfuerzo serio de honestidad para reconocer las cosas inconvenientes que están allí adentro ocupando espacio y que impide que entren las cosas buenas. Tomar la decisión de llamar a las mentiras y a los autoengaños por su nombre no es fácil. Casi siempre echamos la culpa de nuestro mal humor, de nuestras infidelidades, manipulaciones o egoísmos a cualquier cosa o persona, menos a nosotros mismos. Creemos siempre que tenemos la razón y estamos convencidos de que nuestra postura siempre es la correcta y verdadera. Y precisamente esto es lo que provoca la ceguera que impide que cambiemos de verdad.

El primer momento luminoso ocurre cuando dejamos esa lógica mezquina de echar culpabilidades. Cuando centramos la atención en nosotros mismos, en nuestro interior y asumimos con valentía que somos los únicos responsables de lo que nos pasa, entonces y solo entonces, se abren las ventanas que dejan entrar la luz para que veamos con ojos nuevos nuestros comportamientos. No es fácil, pues muchas veces se tratará de reconocer que el principal motor de nuestras acciones es tal vez la vanidad o el deseo de controlar a los demás.

Pareciera que estoy hablando de psicología, pero no es así. Es sencillamente una ley de vida que hasta que asumimos nuestras responsabilidades es que damos un paso al frente para ser verdaderamente libres. El conocimiento propio cambia la perspectiva de nuestra vida y produce que dejemos el autoengaño como mecanismo de defensa con el que justificamos todas nuestras malas acciones y desvaríos.

¿Qué está derramando tu corazón en estos días?, si descubres que es desánimo, rabia o impaciencia recuerda que la culpa no es de los demás o de la cuarentena. Se trata sencillamente que derramas de lo que estás lleno. Te mencioné algunas ideas que a mí me han servido en muchas ocasiones para comenzar ese proceso que puede ser doloroso y requiere mucha valentía. Con un poco de sinceridad y honestidad descubrirás el resto del camino. Sin duda te llevará a hacer el bien, a no criticar, a devolver bien por mal... Tal vez te sorprendas reconstruyendo las relaciones con las personas que amas desde una nueva perspectiva: la del servicio abnegado y el amor desinteresado.