Columnistas

Decepción esperanzadora

Recuerdo que allá por el 2010 cuando me fui a vivir a El Salvador, acababa de llegar al poder Mauricio Funes, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Había en el ambiente mucho optimismo, por primera vez, desde los acuerdos de paz, había sido derrotado Arena, quien desde entonces no ha vuelto a gobernar. Era posible, solamente posible, que la vieja historia de corrupción, compadrazgos, nepotismo y un largo etcétera de vejámenes para el pueblo salvadoreño hubiera llegado a su fin.

Pasaron los primeros meses de gobierno y todo lo que se hacía por parte de él generaba expectativa. Yo comparaba aquello con lo que había visto en Honduras hasta ese día. La ilusión de al menos un sector del pueblo salvadoreño persistía. Recuerdo también que más o menos a mediados del año hubo un acontecimiento muy sonado y triste. Unos sujetos, en un municipio cercano a San Salvador llamado Mejicanos, quemaron un bus con al menos veinte personas adentro, once murieron. Fue volver a la realidad, fue saber que muy poco había cambiado. Fue saber que aquel hecho violento era una sinécdoque de todo lo demás.

A ese año, le siguieron diez más de gobierno del partido que una vez fue la esperanza. Los gabinetes salieron igualmente manchados por la corrupción. Y, después de todo, la historia no cambió tanto. Sin embargo, en 2019 llegó al poder Nayib Bukele. Ya he hablado otras veces de él, y he dejado claro que aún no logro configurarme una idea sobre sus formas de gobierno. Quizá no tengo suficientes argumentos para dar un juicio de valor certero, pero lo que no se puede negar es que es un fenómeno. Y un fenómeno que se puede repetir en las próximas décadas en América y, por supuesto, en Honduras.

Hace poco Nuevas Ideas, el partido de Bukele, se hizo con la mayoría del Poder Legislativo, que no es poca cosa. Ahora tendrá un camino más expedito para legislar. Y más allá de lo que se pueda decir en la prensa, es un presidente con un gran nivel de aceptación, y que transmite mucha frescura: parece que hay una luz en el túnel. Y Bukele no habría sido posible sin las decepciones de Arena y del FMLN. Es aquí cuando aparece la decepción esperanzadora. Un evidente oxímoron que quizá no está lejos de suceder en Honduras.

Bukele llegó como un “outsider”, como un “underground” y para que las personas confiaran en alguien con una personalidad tan peculiar y con un discurso tan agresivo, era necesario que estuvieran infinitamente agotadas de lo mismo de siempre.

Y he notado que cada vez menos personas confían, que cada vez hay más decepción política en nuestro país. Ha sido gradual, sobre todo en los últimos cuatro o cinco procesos electorales. Y es más o menos la misma sensación en todo el continente. Son las democracias decadentes las que al fin y al cabo permiten el surgimiento de las primaveras sociales. Hay un momento en el que el sistema está tan viciado que se engulle a sí mismo. Esto casi sin necesidad de que alguien lo sugiera, lo diga o lo provoque.

Al final las cosas terminan cayendo por su propio peso. Entonces no sería tan malo estar frente a la sociedad más decepcionada de los últimos tiempos. En algunos casos elegir bien —sobre todo en nuestros países latinoamericanos— se convierte en instinto de supervivencia. Claro, entre menos desarrollado es un país, más básico y elemental es lo que se juega en unas elecciones