Actualmente, quienes lucen el poder político en nuestro país en forma ilegal e ilegítima, de golpe en golpe, fracturaron el Estado de Derecho de Honduras hasta destruirlo. Siguiendo directrices extranjeras e intereses nacionales, nos conducen, con alevosía y premeditación, a través de la permanente violación de nuestros irrenunciables derechos humanos a una hondura cada vez más grande y profunda sin ninguna luz que nos señale el camino de parte de este gobierno que, con su nauseabunda impunidad y descarada corrupción, receta al pueblo un altísimo desempleo, una insultante e insoportable y creciente pobreza, miseria, ignorancia, enfermedad y muerte.
A esta triste condición han reducido a Honduras, pero quieren ignorar que todavía hay un valiente, inteligente y reflexivo pueblo, sin miedo y que con el fuego de las llamas del amor propio, patrio, de la indignación y de la ira despertada por el sufrimiento provocado, perseverante, se resiste a claudicar, se inyecta de valor para defender la vida.
Este es el panorama hondureño desde hace casi una década, una década perdida de progreso y bienestar para las mayorías por las decisiones tomadas por políticos incapaces, amistados con hacer lo malo a consciencia, mezquinos, que se han entronizado con base al poder militar, al del crimen organizado, a gobiernos extranjeros y al apoyo a conveniencia del poder económico transnacional.
Es el momento que todos participemos, unidos y fuertes, para hacer los cambios; es la oportunidad para darle un giro positivo a nuestro presente, a nuestro futuro generacional. Honduras es nuestra, es nuestro deber y derecho rescatarla de las fieras que la han secuestrado.
Pensar en el futuro de Honduras nos obliga a pensar en la niñez y juventud: ¿Qué están haciendo en este momento? ¿Qué esperanzas de vida tienen sin oferta de salud, qué clase de educación formal están recibiendo y queriéndola privatizar? ¿Cuántos están en las calles mendigando un pedazo de pan? ¿Cuántos prostituyéndose, consumiendo y vendiendo drogas? ¿Cuántos en trabajo infantil?, y una cadena larga de interrogantes sin respuestas. Y qué decir de la población económicamente activa sin oportunidades de empleo ni oportunidades en igualdad de condiciones para emprender una actividad comercial.
Ante esta realidad es imperativo preguntarnos ¿cuál es el futuro de nuestro país? Las posibles respuestas no son nada alentadoras si las cosas continúan así. Honduras necesita cambios profundos, radicales, un cambio de gobierno y exige a gritos la participación de todos los buenos hondureños, sin distingo de su situación económica, académica, de edad, género o inclinación política; sí, de los buenos hondureños que compartamos el sentido de la responsabilidad que tenemos como individuos ante la colectividad, y esa tarea recae en el estrato de población de edad madura y jóvenes con sólidos valores éticos, morales y cívicos, pilares fundamentales para establecer una institucionalidad funcional, legal y de confianza.
¿Cuál es el futuro de Honduras? La respuesta dependerá de todas y cada una de las decisiones que tomemos los hondureños a partir de ahora. Sí, de todos los hondureños.
Los empresarios, salvo algunas excepciones, deben hacer a un lado la apatía y tener un mayor compromiso social y comprender que su éxito también depende del bienestar social en general y del clima de seguridad y certidumbre que impere en el país. Los miembros de los distintos gremios deben tener más conciencia de la responsabilidad que tienen al elegir a quienes los representen, los líderes gremiales no debieran contribuir a la anarquía defendiendo intereses tan ajenos a la noble vocación que dicen profesar.
La clase política en la actualidad está completamente desacreditada, para los hondureños los políticos no son confiables, su discurso está gastado y genera rechazo.
El presente y el futuro de Honduras no lo podemos dejar al libre albedrío de la clase política y sus socios. El pueblo hondureño está hambriento y sediento de justicia, ya no quiere ni tolera más respirar el aire contaminado por la corrupción. Los ciudadanos en general debemos de ser más sabios y responsables al momento de elegir a quienes nos van a gobernar. Queda planteado.