Columnistas

Coronavirus: un examen mundial

En las últimas semanas no he podido evitar hablar del coronavirus con cierto sonrojo porque es un tema tan explotado (aunque poco explorado) que siento que mi interlocutor pensará que no tengo otro asunto del cual hablar.

Es ese afán de siempre distinguirse de la masa, sin embargo, lo he hecho. Debo confesar que he seguido de cerca las cifras, los avances en las investigaciones (las serias), los comentarios y las opiniones (también solamente las serias) un poco con la responsabilidad que tengo de estar informado y un poco para calcular mi miedo. Ya me han quedado claras varias situaciones, entre ellas, que el coronavirus probará más que nuestro sistema inmunológico y la respuesta que sea capaz de dar Salud Pública. De hecho, ya comenzó a probarnos. No he sido el primero en enterarse de que también es una dura prueba para los medios de comunicación. Hoy la desinformación, las especulaciones, las noticias falsas y los alarmismos estarán a un clic, a un pantallazo de nosotros. Será necesario ser cauteloso para no reproducir información imprecisa que se revierta en histeria colectiva e incluso el caos. La ética de los medios de comunicación se pone a prueba, es una gran oportunidad de hacer buena prensa.

Las semanas que prosiguen serán un examen de prudencia y responsabilidad. Bien se conoce aquella costumbre de simplemente dejar que pase la enfermedad y no ser visto por un médico. Creo que este no es un bueno momento para dicha práctica que es vista, incluso, con cierto folclor. No es solo lo que nos pueda pasar a nosotros en caso de una infección, es lo que le pueda pasar a las personas con las que tenemos contacto. Nuestro optimismo como mecanismo de defensa nos hace pensar que “eso no nos puede pasar a nosotros” y está bien el optimismo, pero hay una línea gris entre ser optimista y ser irresponsable. Se medirá nuestra capacidad de escuchar y aceptar instrucciones. No dar la mano y usar otro saludo, por ejemplo, es un aspecto con tanto arraigo cultural que hasta lo tenemos mecanizado y quizá sea de lo más difícil. Ya se ha dicho mucho sobre los efectos que puede tener en la economía mundial y por supuesto en la nuestra. Este quizá no sea un examen de esos que se rinden en el colegio o la universidad en los que según se estudie se puede salir bien librado o no, es más bien uno de esos exámenes médicos en los que uno solo espera el resultado, es decir, que todo lo que se podía hacer ya está hecho y queda nada más saber lo que pasará. No se trata de una respuesta sino de nuestro estado actual y lo que se hizo en el pasado. Se espera de parte de los políticos, seriedad. Confío en que nadie se dedicará a hacer política con los hechos que están sucediendo o sucederán en el mundo. Es momento de unidad y de respaldarnos todos, ya no digo como hondureños, sino como seres humanos. Sería un acto de muy poco honor. Estaría muy bien, para este y para otros temas dejar por fuera las ideologías y divisionismos.

Todo esto y más está a prueba con esta amenaza global, pero estoy seguro de que si nos dedicamos a luchar contra ella tomando todas las medidas indicadas podremos enfrentarla de la mejor manera. La ruta está trazada: mantener la calma, ser responsable y seguir las indicaciones cueste lo que cueste. El resto vendrá por añadidura y traerá consigo por supuesto su recompensa.