Columnistas

¡Qué discusión tan fútil! Medios de comunicación y redes sociales usados no en protestar por la inseguridad ciudadana, ni por los femicidios y la misoginia arraigada, o por el desempleo.

El arrojo comunicacional, tiempo y neuronas, se ha centrado en la afabilidad entre dos diputadas de la oposición y el primer mandatario. Él llega a saludar, se sienta a la mesa.

Natural, en un ambiente distendido, de los que deben ser frecuentes entre la oposición y el gobierno para coadyuvar al interés nacional. ¿Qué esperaban? ¿Que lo insultaran? Absurdo. No hubiera cambiado la condición de unas ni la del otro. Los puentes que se tendieran, sí.

“Lo cortés no quita lo valiente”. Hay reglas de urbanidad mínimas a respetar. Y la dignidad del cargo presidencial las exige. La violencia de cualquier tipo nunca beneficia.

¿Y no es diálogo lo demandado? En adición, se trata de dos damas y de un caballero, aunque el caballero nos mantenga en vilo y sus bríos antidemocráticos lo hagan tallarse la ley al cuerpo e imponernos su inconstitucional aspiración presidencial. Pero para eso hay recursos que nos ofrecen los tribunales, las calles y las urnas.

¿Cuántos de esos machos y machas que critican el proceder de las representantes y de los otros comensales afables actuarían diferente? Hubiera sido incorrecto.

En estos días, además de nuestros problemas se pudo apreciar la propuesta justa con la que sobresaliera Honduras en el concierto de las naciones: la realizada por el Presidente de la República de crear la Asociación Mundial de Productores de Café.

Eso sí amerita ser destacado. Aunque no borre nuestro señalamiento constante a lo antiético e ilegal. ¿Cómo sería el futuro si el presidente Hernández se hubiera dedicado estos cuatro años a ser eso, Presidente? ¿Que no corriera como candidato presidencial? Se debe estar en contra de las actuaciones ilegales, pero a favor de las que convienen a los intereses nacionales.

Y la comunicación respetuosa entre opositores es de las que convienen.