Acertada disposición la anunciada por la presidenta Xiomara Castro: implementarla. Ignoramos si será aplicada tanto a nivel primario como medio.
Desde ahora los(as) docentes requieren estudiar la trayectoria, aportes, facetas del prócer de proyección continental. Estadista, político, escritor, él y un segmento de su generación, una vez alcanzado el poder a partir de 1829 y su elección como presidente Federal de Centroamérica, impulsaron su visión transformadora del viejo orden colonial que beneficiaba a minúsculas élites burocráticas, comerciales, eclesiales, en detrimento de los sectores medios y populares.
La Revolución Morazanista incluyó la separación de Estado e Iglesia, la enseñanza popular, laica, protegida por el gobierno, libre comercio, naciones, modernización y actualización histórica del istmo bajo el modelo capitalista.
Así, dos visiones contrapuestas entraron en conflicto: la liberal, inspirada en la Ilustración, economía política, Revolución Francesa e Industrial; adversada por la conservadora, inspirada en las tradiciones hispanas jerárquicas, defensoras de la rígida estructura socioeconómica, cada vez más arcaica y excluyente.
Centralismo opuesto al federalismo, idea de nación en choque con la de región, tal conflicto trascendió lo ideológico para trasladarse a los campos de batalla, eventualmente prevaleciendo a partir de 1838 cuando se inició el separatismo de los Estados, las fuerzas centrífugas vencedoras, patrias chicas vencedoras sobre la patria grande.
Hasta ahora, solamente la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, a partir de 1990, creó un seminario obligatorio como requisito de graduación, impulsando el estudio del ideario, trayectoria cívica, legado del héroe.
Durante la administración del presidente Carlos Roberto Reina se decretó la Escuela Morazánica, que meramente fue enunciada sin llegar a aplicarla.
La bibliografía mínima para activar la Cátedra Morazánica debe incluir los escritos de Morazán: mensajes presidenciales, proclamas, Manifiesto de David, Memorias, Testamento, complementados con estos autores: Aguilar Paz, Enrique; Alvarado, Néstor Enrique; Argueta, Mario R; Becerra, Longino; Cálix Suazo, Miguel; Escoto, Julio; Oquelí, Ramón; Ortega, Miguel R; Rosa, Ramón; Santana, Adalberto, como fuentes secundarias. Y primarias: las existentes en el Archivo Nacional.
También debe activarse la Cátedra Valle, instituida en 1969, pero nunca aplicada, por la administración López Arellano, tampoco por sus sucesores.