Las secuelas de la pandemia provocada por el Covid-19 muestran varios rostros de las personas y también de las instituciones. Se descubren las caras del estigma, la solidaridad, el poder y el liderazgo, y también se les juzga. Las personas que padecen esta enfermedad son estigmatizadas, se les discrimina y pierden su estatus como individuos hasta ser separados. Igual ocurre con las instituciones cuyo rol ante la emergencia deja mucho que desear. Muestran su cara y se les discrimina y juzga por cómo se les percibe en torno a la autoridad que dicen representar y a su liderazgo en momentos de crisis. Otras instituciones que dicen ser autoridad se vuelven solidarias y además asumen un rol de liderazgo, son mente y corazón y por eso se ganan la confianza y el cariño de la sociedad. Textos sobre ética empresarial hacen referencia a la autoridad, y citan que al igual que la confianza, se gana o se pierde día a día, y aunque el liderazgo no sea poder, con frecuencia el líder dispone de cierto poder, y según lo utilice, su autoridad crecerá o disminuirá. “Cuando quien tiene poder no lo utiliza en servir a la comunicad y solo ve su interés propio, pierde autoridad”. Todo lo que estamos viviendo en este momento de crisis son experiencias sociales, donde la psicología social evidencia que a las personas se les juzga y percibe de acuerdo con lo que piensan los demás, y sobre todo a las que ocupan puestos directivos de la sociedad.
Llegó el momento para el Cohep, que se planta como el brazo técnico-político del sector empresarial de Honduras, y da mucha satisfacción saber que reafirmó su solidaridad y aclaró que los empresarios no han presentado solicitud de suspender el toque de queda. Viendo la cara de solidaridad del Cohep, también la sociedad está evaluando su rostro de liderazgo y evalúa como el sector empresarial desde un inicio ha apoyado las medidas de emergencia adoptadas por el gobierno, ha estado de acuerdo con las recomendaciones que da el cuerpo médico y sanitario en procura del bienestar de la población. Hay que ser justos y ver que cada empresa puede ser solidaria, pero también tiene que velar por lo que ya ha invertido en materias primas, los salarios de sus trabajadores, pagos de energía y otros servicios públicos, así como seguro social, régimen de pensiones e impuestos sobre venta