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Britney Spears como muchas más

Era difícil mantenerse indiferente o neutral frente al ascenso vertiginoso de la chica que a finales de los 90 sexualizaba la pantalla vestida de colegiala; la gente aprendió rápido el nombre y las canciones de Britney Spears, y así de veloz la han relegado, a pesar de que su historia de sometimiento forzoso, casi esclavizada, se repite en tantas mujeres, con las obvias diferencias.

Problemas de drogas —común entre famosos—, conductas erráticas, ataques de furia y pérdida de control, llevaron a la estrella del pop a tribunales, y que terceros decidieran su vida; le dieron la tutela a su padre, Jamie Spears, que cobra por ello 16 mil dólares mensuales. Si la artista hubiese sido hombre, no le habrían hecho eso.

Britney Spears enriqueció a muchos en la despiadada industria del espectáculo, y su propia fortuna es de 60 millones de dólares, pero no puede tocarlos sin permiso; tampoco ocuparse de sus dos hijos, porque la custodia la tiene el padre de los menores; no puede embarazarse de su actual pareja —como desean— porque no la autorizan a retirarse el DIU que la imposibilita.

Por la influencia popular y el poder mediático, el caso de Britney Spears es superlativo, pero refleja la realidad de muchas mujeres bajo el dominio de una sociedad patriarcal, que limita sus aspiraciones y libertades, con el argumento espurio de su propia protección y conveniencia.

Comienza en casa, donde les enseñan a lavar trastes y ropa, a barrer y a trapear, para que cuando manejen su propio hogar, sepan hacerlo; controlan sus amistades y les avisan de sospechosos; y ya en la universidad, también opinan sobre su carrera, que no sea peligrosa, que no dé de qué hablar. Luego sigue en el trabajo, en la calle, en la vida.

Algunas chicas han tenido que casarse presurosas, con el primero dispuesto, porque les dicen que ya están cerca o después de los 30 y ¿qué ondas? Y los hijos para cuándo, que la madre quiere conocer a sus nietos, eso sí, que no se vaya del todo, porque su verdadera casa es esa.

El miércoles Britney Spears dio un conmovedor relato de 20 minutos por Zoom a la corte de Los Ángeles, para exigir que la liberen de la custodia que le ha robado la vida, ya van 13 años; le confiscaron tarjetas, dinero, celular, pasaporte —dijo— como víctima de trata de personas.

Durante la crisis emocional, su padre la encerró en un costoso centro de salud mental, 60 mil dólares a cuenta de la cantante, con tres tortuosas sesiones psiquiátricas semanales, medicinas que la emborrachan; y aún así, la fuerzan a dar conciertos para generar más dinero; por todo eso —dijo— parte de su familia y su mánager deberían estar en prisión.

La preciosa y fulgurante estrella, alucinaba a chicas y enamoraba a chicos; ahora, martirizada en su propio éxito, merece un estudio de la medicina y del derecho, y una obligada revisión del entorno, porque, apartando a la artista, hay muchas Britney Spears por ahí.