Recién regreso de la solemne ceremonia en la que el Colegio de Periodistas de Honduras, este 25 de mayo, hizo un merecido reconocimiento a la labor tesonera del reconocido profesional don Elán Reyes Pineda. Atendí la gentil invitación personal que me hizo el homenajeado sintiéndome sensiblemente honrado por esa especial deferencia.
El discurso de aceptación de Elán fue una pieza digna de estudiar en las aulas de la escuela de periodismo de todas nuestras universidades y, por qué no, en los últimos grados de nuestras secundarias.
No tengo la menor duda de que los conceptos sobre honestidad, veracidad, entereza, integridad y otras virtudes cívicas y morales que deben caracterizar a todos los que se dedican al noble ejercicio de formar conciencia en la población son también virtudes inherentes a la personalidad y trayectoria profesional de Elán, y por ello deben ser emuladas por todos los integrantes del gremio periodístico.
Lo único que me duele es que anualmente, en ceremonias similares a esta, los galardonados con el premio, que recuerda a uno de los hijos más preclaros de la patria como lo sigue siendo Álvaro Contreras, han expresado conceptuosos discursos que deberían señalar el norte, no solo de periodistas, sino de funcionarios en general y de ciudadanos en todos los rincones de la patria; sin embargo, aun cuando a esos eventos asisten las figuras más connotadas de los poderes del Estado, las palabras que expresan los homenajeados, llenas de fervor patriótico, solo suenan, para muchos, como gotas de agua en el tejado que luego se disipan en segundos.
Por ello, siguen campeando los actos vergonzosos de funcionarios inescrupulosos y corruptos así como los demás abusos de gobernantes y los irrespetos a las normas elementales de convivencia que conduce, todo ello, a un estado de anarquía, intolerancia y, por supuesto, pobreza crónica. También va mi saludo y felicitación al buen amigo Melvin Paguada, quien recibió reconocimiento del Congreso Nacional; bien merecido por su larga trayectoria como reportero serio, respetuoso y veraz.
Mi abrazo solidario a ambos y mi invitación para que sigan contribuyendo en la construcción de los pilares de una auténtica democracia.