¡Sí, son delincuentes electorales! Y autores de la degradación de la práctica política hondureña y, por tanto, de todos los problemas sociopolíticos que nos aquejan. No tienen perdón. Y todo por llevar incondicionales a la toma de decisiones. Los que burlan la voluntad popular no son mejores personas que los narcos. Como ellos, son capaces de hacer lo que tengan que hacer para “coronar” sus propósitos.
Solo es asunto de circunstancias para que sean homicidas, malversadores de caudales públicos, difamadores, calumniadores y de todo lo útil a sus pretensiones. Y los narcos son queridos por sectores de las poblaciones que habitan.
Los delincuentes electorales, a veces ni por sus familias. Se trata de encontrar explicaciones a esta conducta delictiva y el sinsentido destaca: Porque es que son capaces de enliarse de tal forma para ir a devengar sueldos que no les ajustarán para mantener su elevado nivel de vida y sin ser dueños de prósperos emprendimientos. Está raro eso. Solo evidencia que andan en malos pasos y hace deducir que andarán en peores. No es que quien hace alguito malito no va a hacer algo malo después. Eso está fijo.
El Tribunal de Justicia Electoral debe cumplir con sus funciones. Agarrarse, literalmente, de cualquier disposición legal que les permita castigar al delito y evidenciar a los delincuentes electorales. Es la única vía para medio disuadir futuros delitos. Y desandar el camino del declive democrático en que vamos hundidos. Ese es su deber. Respaldo ciudadano irrestricto al Tribunal de Justicia Electoral.