Cartas al editor

Visita al cementerio

En el cementerio es donde “la vida no vale nada”, como dice la canción.Un día me levanté temprano y fui a pasear a mi perra Atenea. Como el cementerio queda cerca, decidí visitar a mi hermano, quien falleció hace tres años. Siempre he sido del criterio que si alguien quiere darse un baño de humildad, tiene un poco elevado el ego, es prepotente, etc., debería de darse una visita al cementerio.

Al llegar al camposanto, escuché el sonido de algunos pájaros, sentí una paz interior, una tranquilidad de espíritu y observé algunas lápidas, unas cuidadas y otras descuidadas, algunas de adultos mayores, otras de personas que murieron a corta edad, incluso de niños, otras que recién habían sido sepultadas.

En una de ellas leí: “Pasaste como una estrella fugaz en nuestras vidas pero tu luz brillará por siempre en nuestros corazones”, era una niña y sobre su tumba había dos peluches; en otra se leía: “Dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano, pero aún ahora yo sé que Dios te concederá cuanto le pidas. Jesús replicó: Tu hermano resucitará. Le respondió Marta: Yo sé que resucitará el último día. Jesús le respondió: Yo soy la resurrección, el que cree en mí, aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”.

Y es que según la creencia cristiana, en el cementerio los cuerpos dormían hasta el día de la resurrección.Sin duda alguna, el cementerio es un buen lugar para reflexionar y apreciar la vida. Un dicho popular dice: “Cuando morimos nada nos llevamos”.

Mi padre Wilfredo Salazar dice “nos llevamos dos cosas: todo lo aprendido y todas las buenas obras hechas por los demás”. Así que no nos aferremos a un trabajo, a bienes materiales, que si bien contribuyen a nuestra calidad de vida, todo es prestado y temporal. Trabajemos por vivir una vida equilibrada.