Fueron alrededor de 40 hombres y algunas mujeres quienes escribieron la Biblia Judeo-Cristiana; no hay tal Biblia católica o evangélica, lo único, que las diferencian son las distintas versiones y las figuras literarias en que en ellas se encuentran, desde la Vulgata latina, la Nácar Colunga, la Centroamericana, la Versión del Oso, la Reina Valera, la Scofield, la Nuevo mundo, etc.
Cuando el profesor Rafael Pineda Ponce era presidente del Congreso Nacional, se emitió un Decreto en el que se ordenaba leer la Biblia 15 minutos antes de iniciar la jornada diaria de clases, sin comentarios. La lectura era de textos o versículos selectos, los maestros dieron inicio a darle cumplimiento al Decreto, pero luego cesaron en el intento. En el gobierno de Porfirio Lobo, de nuevo, el Congreso emitió un nuevo Decreto, con igual propósito. Actualmente se está discutiendo esta misma iniciativa. ¿Qué pasa por la mente de los señores legisladores, que habiendo dos decretos anteriores con el mismo propósito, están trabajando en uno nuevo?
Si se va exigir que se lea el Sagrado Libro en los centros educativos que quede claro: que no es que se va dar la clase de la Biblia, sino, leer solamente uno o tres textos preseleccionados; como versos de los libros poéticos: Proverbios, Eclesiastés y los Salmos. Un buen ejercicio para los niños y jóvenes sería memorizar los nombres de los 27 libros del Nuevo Testamento, que por excelencia, es el libro de los Cristianos. Dios Padre ordena: “Creced en Ciencia y en Sabiduría”. Jesús manda: “Escudriñad las Escrituras, en ellas encontrareis la vida eterna…”.