Cartas al editor

Las grandes plagas

La actual plaga de Coronavirus no ha sido la única ni la peor en historia humana. La primera de la que tengamos un relato fue en el año 165 durante el reino del Emperador Romano Marco Aurelio. La plaga se extendió por todo el mundo conocido y causo miles de muertes. Todavía no se sabía que causaba las enfermedades, ni se habían descubierto los microorganismos que provocaban las enfermedades contagiosas.

Pero aún estaban por llegar la horrible peste bubónica del siglo 16 que causó miles de muertos transmitida por las ratas y las pulgas, la pandemia de influenza de 1914, cuando murieron 20 millones de personas en Europa y América, seguida de la epidemia de cólera de mediados del siglo 20.

La presenta pandemia de coronavirus que se inició en Wuhan,China tiene varios distintivos: Se transmite fácilmente de persona a personas, por las manos, por el aire en gotitas de saliva al toser o estornudar, por los excrementos que llegan a contaminar los alimentos y en fin hasta por el sudor y las lágrimas de los pacientes. El virus puede permanecer activo en superficies húmedas has por 48 horas.

El coronavirus mata en pocos días y la mortalidad es relativamente alta principalmente en personas arriba de los 50 años. Los niños y jóvenes pueden ser portadores asintomáticos y llevar la enfermedad a los adultos mayores. Aunque se han dado caso ni niños que han nacido con la enfermedad o sea que el virus atraviesa la barrera placentaria. Actualmente (26 de marzo) la cifra es de cerca de 466,836 infectados y 20,599 muertos. Se piensa que apenas estamos en el inicio de la mayor tragedia que ha sufrido la humanidad y que puede llevarse hasta un tercio de la raza humana.

Las pérdidas económicas son enormes y llegan a los millones de dólares diarios. El cierre de las fronteras entre países causará una recesión económica sin precedentes, aumentando la desigualdad y el lastimoso sufrimiento de los pobres.

Nunca ha sido tan necesaria la solidaridad entre los seres humanos. Ya no podemos pensar solo en nosotros mismos, sino en el bienestar de los demás. Tenemos que olvidarnos de nuestro egoísmo y de nuestra individualidad y pensar que somos miembros de una comunidad luchando por la sobrevivencia.