Cartas al editor

La palabra

Todos la buscamos. Absolutamente queremos descubrirla, identificarla, emplearla, apropiárnosla, disfrutarla y quizás defenderla para construirnos felices. La palabra Precisa... Pero ninguna nos ha salvado, somos, auto enemigos. La palabra poder, es envejecer. La palabra riqueza, empobrecimiento espiritual. La palabra fama, vacía el alma. La palabra honor, igual a dolor. La palabra amor, es a veces, desamor. La palabra libertad, trágicamente deslealtad. La palabra cariño pasa de silencio a encono. La palabra fe, enriquece al Vaticano. La palabra alegría se detiene un instante y vuela. La palabra filosofía es amor a la sabiduría. El vacío del alma desalma nuestras palabras. “Es mejor ser un hombre satisfecho que un cerdo satisfecho, es mejor ser un Sócrates insatisfecho, que un loco satisfecho.”

Esta palabra no es un simple sonido. Es más que un signo o un símbolo. No es ni siquiera divina, diabólica, redentora, amorosa, rencorosa, sucia o mala; es una combinación de caracteres Ideo Gráficos que enuncian necesidades, recuerdos, luchas, deseos y amores; un algo que nos construye y nos destruye. Es una construcción de ideas, acciones, emociones, traiciones, ilusiones de nuestra animalidad de convertirnos no en hombres sino en santos, ángeles, dioses o demonios. “Los griegos la llamaron razón, yo utilizo una palabra más Comprensiva Esa palabra es espíritu, y denominaremos persona al centro activo que el espíritu se manifiesta dentro del ser finito.” Luchamos por evolucionar, conquistar, alcanzar esa estrella que nos alumbra para intentar en la práctica, humanizarnos. Esta palabra podría ser altruismo, nunca egoísmo, riqueza, fama o poder autócrata. “La autocracia es lo apuesto a la democracia, ya que significa el gobierno de uno, de una persona, un interés, una ideología, un partido”, y esto es abiertamente, deshumanizar.

Esta palabra también es doble, un nombre y apellido: un nombre pensado, Tal Vez amorosamente elegido, legal y libremente aceptado o rechazado. Nuestro nombre y apellido no nos encumbran, sino nuestras acciones. No la palabra felicidad, amistad, amor, dolor, honor, éxito, espejo, celular, libro, placer, etc. Siempre a algunos hombres nobles se les llevan flores, se les arrodillan, le rezan e imploran perdón ante sus tumbas fervorosamente llorando. “Vivir en el mundo ideal, consiste en tratar lo imposible como si fuera posible.” La fuerza del espíritu impregnó las primeras palabras.

Hoy no sucede lo mismo. ¿Por qué? Porque “en estos tiempos que representa el corte más radical de la historia, tiempos de una disolución inaudita, sobre todo en el hecho de que los hombres se comprenden menos... ya no hay lealtad ni comunidad que sea incuestionable y digna de confianza... En un afán de una comunicación auténtica y en la posibilidad de una lucha amorosa que vincule en sus profundidades el yo con el yo.” Entonces, “gracias a la vida que me ha dado el sonido y el abecedario/ Con el las palabras que pienso y declaro/ Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando.” Hay que la tener entereza moral para espiritualizar todas las palabras para trabajar por comunicarnos y construir la familia planetaria. “Existe un reclamo de justicia en cada escombro y arde una estrella de redención en cada horizonte.” “Herr”, me eres y serás inolvidable.