Cartas al editor

Ignorancia frente al covid-19

Es innegable que el covid-19 ha puesto a prueba el sentido común que a veces es el menos común que empleamos y que la ignorancia sobre la enfermedad se vio desde un inicio cuando algunos “expertos” nos dijeron que usar la mascarilla no era útil.

El presidente Donald Trump dio cátedra de ignorancia cuando en público recomendó inyectarse en las venas un desinfectante, otros, dando muestras de falta de información científica, llegaron a recomendar que se desinfectara todo lo que tocáramos e incluso la planta de los zapatos y las llantas de los vehículos, al igual que todos los artículos o comestibles antes de entrar a nuestro hogar. El factor miedo y pánico colectivo estuvieron a la orden del día.

Los pesimistas y los realistas se vieron confrontados, hubo médicos que se convirtieron en “estrellas de televisión” y se les nota que no quieren volver al anonimato de sus consultorios, entonces, siguen alarmando a la población, y por supuesto los periodistas amarillistas están en su salsa, hasta hay un medio en el que su director saca pecho como si él fuese el único que se preocupa y está “comprometido con Honduras” (se me hace familiar ese eslogan) en la lucha contra el covid-19, lo cual es de mal gusto, como también que el gobierno haga lo mismo como si no estuvieran a la luz pública los actos de corrupción que se cometieron con la pandemia, y al momento de escribir este artículo los tales hospitales móviles no “arrancan”.

En este mismo espacio publiqué tres artículos: “Covid-19: lotería genética”, “La hora macabrona” y “Líbranos de todo mal”. En el primero dijimos una verdad que no se quiere reconocer públicamente todavía, y es el hecho de que esta enfermedad no ataca a todas las personas por igual, está comprobado que el tipo de sangre influye en el grado de inmunidad de las personas. En el segundo dije que en Honduras la hora macabrona ya había pasado, es decir, esos momentos macabros de luto y entierros como se vivieron meses atrás. En el tercero que Dios es quien nos libra de todo mal y muestra de ello es que el feriado morazánico fue suspendido por su voluntad.