Cartas al editor

Historia de la historia

Existen por lo menos diez versiones sobre la historia de la Mesopotamia; todas son parecidas, pero no iguales. Si se ha estudiado correctamente, el gran Moisés apenas mencionaba tres palabras en Génesis para referirse a ese histórico nombre: Mesopotamia, término que en idioma griego significa “Tierra entre ríos”.

Cierta madrugada, escuchaba a un pastor todo disparatado para hablar enseñando a su congregación que “la Mesopotamia quedaba en el cielo, igual que los ríos Tigris y Eufrates; y que cuando se fueran para el cielo, se irían a bañar a una pozas de agua fresca y abundante”. La pobre congregación lo único que decía era su acostumbrado ¡amén!, sin darse cuenta de que las enseñanzas de su líder eran dudosas, engañosas. ¡Qué mentiras!, hombres que dicen que son de Dios y que yo puedo llamar farsantes.

Si desde que llegaron a Honduras los primeros líderes protestantes y misiones evangélicas se hubieran preocupado por enseñar a la gente a conocer la Biblia, leerla, estudiarla y manejarla, pero siempre han tenido un pueblo dormido, esclavizado. Los pastores llegaron aquí para hacer dinero con las ofrendas, los diezmos y propiedades que obtienen para construir sus capillas y pasar sus escrituras a su dirigencia nacional, todo a la sombra de nuestra condición política, que facilita la libertad de culto. ¡Qué desgracia para nuestro pueblo!, la religión, los politiqueros, el consumismo, el fútbol, el tradicionalismo mezclado con cristianismo, más el activismo político y paganismo, tenemos un pueblo totalmente confundido, como producto de una gran sopa de ignorancia desde hace 200 años.

Hemos hablado las causas de la incultura del pueblo y a estas agregamos la despreocupación del gobierno por instruir y educar al pueblo. Como profesor y periodista tengo la autoridad de dar la siguiente opinión: “Un pueblo ignorante está lleno de fáciles borregos”.