Inmediatamente después de los sucesos naturales que golpean a la población hondureña, se da la detención del expresidente José Manuel Zelaya Rosales cuando se disponía a hacer un pequeño viaje a México, donde participaría en un encuentro de líderes de los partidos de izquierda de Latinoamérica.
El coordinador general del partido Libertad y Refundación (Libre) fue implacable para denunciar las ilusiones, vengan de donde vengan ha sabido también sacudir certezas adquiridas, pero cada vez más alejadas de la realidad.
Clara y transparentemente denunció “que esta intimidación no es más que un ardid bien montado desde lo más oscuro del partido de gobierno”.
Luego de estar escuchando las entrevistas que se publican, fruto de un diálogo abierto de algunos líderes del Partido Nacional, donde sostienen un plan de prolongar por dos años más la detención del poder, que se orienta a un fin en el futuro, yo veo que hay una malsana intención de estar aplicando más angustia, desolación, inseguridad y desesperación, pues las cuestiones políticas se deben delimitar con las elecciones electorales.
Hay que reconocer que un partido no posee la verdad y no trata ni siquiera de tenerla.
Tiene intenciones y sigue por un cierto camino, tiene compañeros de ruta que tratan de pensar la verdad dentro del partido, con la esperanza que se haga uso de ella. Yo digo simplemente que en la actualidad los partidos políticos están fregados. Es evidente que dentro de 10 años los partidos de derecha y de izquierda no serán lo que son actualmente.
Quizás ambos habrán desaparecido, se producirán movimientos de masas con fines definidos y particulares.
En estos movimientos, la noción de compañeros de ruta no tiene sentido. Hay exigencias dentro de los partidos que hacen ver al gobernante como un tonto simplón o un ser enteramente malo que solo le importa detentar el poder.