Vivimos en un mundo de historias que empiezan y se acaban, y estas se vuelven cuentos tempranos, son como los inviernos que llegan y se van, tienen la capacidad de sujetar toda la atención en torno a una trama, en continua espera de lo que va a ocurrir.
Un cambio brusco del tiempo en la nación, de momento, no se puede determinar con precisión qué zonas se verán más afectadas por las fuertes lluvias.
En los países ubicados en el trópico alrededor del océano Pacífico, los fenómenos de variabilidad climática más influyentes son El Niño y La Niña, los cuales producen cambios de temperatura y fuertes incrementos o disminución de las precipitaciones ocasionando que se disminuya significativamente la producción, porque estos fenómenos producen inundaciones o suelos secos, reconociendo que el uso del agua es de suma importancia para el sector agrícola.
“Los océanos son el gran almacén donde se acumula el 90% del calor retenido por los gases de efecto invernadero.
Son ellos, sobre todo en las zonas tropicales y subtropicales, los que lo ceden a la atmósfera, calentando el aire y aportando el agua que se evapora y se añade como vapor, lo que genera aún más energía al ascender y condensarse”, detalla Argeñal (Dirección del Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos) de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco). La variabilidad climática no solo afecta y es importante para el sector agroalimentario, también afecta otras áreas, como la distribución de alimentos, con lo cual puede generar aún más problemas de seguridad alimentaria y por consiguiente ir en contravía con los objetivos de desarrollo sostenible, si es que existen. Parece que el comportamiento del tiempo y del clima son como locuras del tiempo inclemente, no son algo extraordinario, hay que admitir que este año han estado “por encima de lo normal”. Con intensos vientos y las masas de aire frío en todo el territorio nacional. “Cuanto más nos adaptamos al calor, más nos desadaptamos al frío”.