El término amar resulta controversial cuando se define como un sentimiento que se guarda en el corazón y en el alma. Sin embargo, se vuelve aún más incomprensible cuando decimos amar, pero dañamos con nuestras acciones a la persona que afirmamos querer.
En la sociedad actual, muchos hombres dicen “te amo” con facilidad a distintas mujeres que observan en la calle. Les expresan frases como: “qué bonita”, “qué hermosa”, “es la luz de mi vida”, entre otras palabras agradables. Pero, ¿quién cree en esas expresiones? Ahí radica la controversia. Hoy en día, muchas mujeres anhelan que sus esposos o parejas les digan cosas bonitas, que les lleven una flor o que tengan gestos de cariño. No obstante, en muchos casos ocurre lo contrario: reciben rechazo, maltrato, e incluso violencia.
Resulta fácil halagar a una mujer desconocida en la calle, pero se ignora el daño emocional que se causa a la pareja en el hogar, a quien con frecuencia se le señalan defectos: “estás gorda”, “no te arreglas para mí”, “no me agradas”. Estas palabras generan dolor y evidencian una profunda contradicción. Como hombre, reconozco que muchas veces la mujer más fiel es la que está en casa: la que espera con un plato de comida, un vaso de agua, un abrazo o un “te quiero”. No importa si cumple con estándares de belleza; lo esencial es el afecto y la atención genuina. ¿De qué sirve tener a la mujer más bella si hay rechazo? ¿De qué sirve el dinero si no se comparte con amor? El concepto de amor se vuelve complejo cuando se mezcla con insultos, gritos y humillaciones, situaciones que, aunque frecuentes, no deberían normalizarse. Surge entonces la inquietud: ¿por qué, si se habla de amor, muchas mujeres mueren a manos de sus parejas? A diario, las noticias reportan casos de violencia. Este hecho, además de alarmante, es incomprensible.
(continuará)