Conforme el tiempo avanza con lo que hoy llamamos sociedad civilizada, aunque en medio de tanta guerra e intolerancia que vive el mundo en la actualidad de civilizada tiene muy poco, trataremos, en este breve texto, de brindar nuestra humilde perspectiva de cómo los seres humanos, quienes nos hacemos llamar libres, odiamos a otro por no pensar igual que nosotros y lo restringimos así de su libertad de pensamiento. Así pues, es importante que sepamos diferenciar que, cuando se inició la humanidad, no existían las razas, las religiones, los partidos políticos ni los equipos de fútbol. Sin embargo, la riqueza que tiene el mundo y la sociedad en particular es porque cada uno de los millones de habitantes pensamos diferente; por eso la riqueza de culturas, por eso la vastedad de libros hablando de un mismo tema, pero cada uno desde el ángulo particular del escritor.
Por otra parte, o se nos olvidó o no nos están enseñando que ya no importa que haya algo que nos una por encima de todo; hay que llevarnos solamente con quien comparte nuestras posturas, con quien vota como nosotros y con quien rechaza lo que nosotros rechazamos. En un ejemplo burdo, cuando jugó México contra Inglaterra, muchos fanáticos de países de nuestro continente iban en contra de los aztecas. “Es que los mexicanos son engreídos”, dicen algunos; y muchos de los que dicen eso nunca han conversado o tratado a un mexicano. Además, si usted no le ha hecho nada a alguien y alguien de por ahí no le ha hecho nada a usted, ¿por qué odiarlo? ¿Solo porque piensa distinto a usted?
Estamos en una etapa en donde la tolerancia muchos la están dejando guardada en casa, donde todos queremos expresarnos y que nos escuchen, pero cuando toca escuchar o expresarse al que no piensa como nosotros, ahí colocamos el punto. Finalmente, la cura de todos los males es el amor.