Opinión

Campaña de terror in crescendo

Aunque el clima de inseguridad ha crecido hasta el paroxismo en el gobierno actual, con horrorosas matanzas, asesinato de figuras prominentes de la sociedad, ejecuciones extrajudiciales y la casi total impunidad de los perpetradores, la galopante criminalidad sigue siendo capaz de sorprender, de impactar, con sus estrategias de terror que incluye el desmembramiento o descoyuntamiento de cadáveres para introducirlos en cajas, en bolsas o envolverlos en sábanas que aparecen por doquier.

El viernes pasado en la capital, muchas personas que muy temprano se dirigían a sus respectivas labores y que pasaron por el puente Estocolmo vieron horrorizados una novedosa expresión de este deterioro que imita lo peor de demás países: un hombre semidesnudo estaba colgado del puente aéreo que comunica la zona del Estadio con el centro capitalino, a pocas cuadras de la sede del Congreso Nacional.

Este hecho, el primero en la capital hondureña, es muy común en México, en el marco de la encarnizada lucha que libran entre sí las organizaciones delictivas por el control de rentables actividades criminales como el tráfico de drogas y el secuestro.

Es obvio que el control que ahora tienen los carteles mexicanos en prácticamente todo el corredor, incluyendo Honduras, que une a los productores y procesadores sudamericanos de drogas con los grandes consumidores estadounidenses, tiene algo que ver con estas terroríficas “innovaciones”.

De hecho, los demás fenómenos sociales como las “maras” también tienen sus raíces en el exterior.

La ineficiencia, la corrupción y hasta la colusión de las autoridades policiales y en general de todo el aparato de aplicación de la justicia en Honduras no solo facilita las cosas para los carteles internacionales sino que estimula el espíritu de imitación que también fluye en los delincuentes locales.

Las autoridades, incapaces hasta ahora de exhibir mayor eficacia para luchar contra los delincuentes, ni siquiera contra aquellos que activan al interior de sus mismos organismos, tienen ante sí este otro reto: poner al descubierto y castigar a los grupos criminales que introducen cada vez peores mecanismos de terror para mantener sometida a la población honrada.

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