Opinión

Bajas en los combustibles y alzas de precios

El precio de los combustibles bajó el lunes por séptima semana consecutiva, pero no hay ni indicios siquiera de que eso vaya a traducirse en disminución de las tarifas de transporte y de energía eléctrica que estuvieron subiendo con el pretexto de las alzas del petróleo.

Peor aún, continúan las alzas en los precios de la mayoría de los productos, incluyendo los de la canasta básica, que antes se atribuía a las alzas de los combustibles o el incremento del salario mínimo, excusas inexistentes en las últimas semanas y años, respectivamente.

En el caso particular del transporte urbano, los empresarios no solo han logrado subir las tarifas con el pretexto del incremento de los precios de los combustibles sino que también, con la complicidad de las autoridades de Soptravi, le dieron un duro golpe al bolsillo de los usuarios capitalinos ya que con la introducción de los “ejecutivos” o “rapiditos” elevaron en más del 300% las tarifas del transporte público.

Esto, sumado al aumento de precios de los productos de la canasta básica —como la leche, la carne, los huevos, aceites y otros—, tiene un fuerte impacto en la economía del hondureño, principalmente para más del 66% de compatriotas que, según las estadísticas del INE, viven actualmente en la pobreza.

Si a estas alzas agregamos los nulos o exiguos incrementos salariales y los altos índices de desempleo, en realidad estamos ante un significativo deterioro de las condiciones de vida de una ya empobrecida población.

Por si esto fuera poco existe una absoluta falta de control tanto en la calidad de productos y servicios como en las pesas y medidas, que al final redunda en perjuicio de los consumidores.

Si bien el control de precios es un inútil y perjudicial anacronismo al que suelen recurrir los gobiernos populistas, en un mercado tan distorsionado como el nuestro donde persiste el monopolio y la falta de una competencia abierta, se hace indispensable la intervención del gobierno para morigerar la avaricia de los agentes económicos en detrimento de los consumidores.

Si las excusas para el incremento en el costo de bienes y servicios han sido los altos precios de los combustibles, ahora que estos están a la baja, lo justo sería que los consumidores resulten compensados.