Opinión

Un día de 1979, a Kike Ortez y a mí nos aleccionaban para representar a nuestro amado Partido Liberal en un foro político. Nos indicaban qué sería conveniente decir. Que manifestáramos que se diera paso a las nuevas generaciones, que las nuevas generaciones debían tomar el liderazgo del Partido, que las milicias eternamente jóvenes tenían que serlo en realidad y que las nuevas generaciones por aquí y por allá. No lo dije. Aquello no me cuadró entonces. Ni después. Menos ahora cuando ya no soy de las susodichas nuevas generaciones. ¿Cómo podía ocurrírsenos a unos cipotes chorreados, pensar en desplazar a los Elvir Rojas, a los Reina, a mis tíos? Aunque no se trata de edad. Ni la juventud ni la vejez garantizan responsabilidad e idoneidad para los cargos. No conocemos a nadie que por ser joven o viejo haya sido decente o más apto. Grandes fiascos han resultado jóvenes como viejos en el Congreso Nacional y en los otros poderes del Estado. La improvisación es mal endémico de nuestros políticos. ¿Una causa de ser tercermundistas? También hay aciertos y es el caso de la designación de la integrante de las nuevas generaciones, 25 años, María Andrea Matamoros Castillo, como subsecretaria de Relaciones Exteriores y Cooperación. Privilegiada porque nació en un hogar ejemplar, ella honra la memoria de su abuelo don Daniel Matamoros C., uno de los mejores ciudadanos que ha tenido Honduras. Posee formación académica sólida y su desempeño en la función pública está signada por la eficiencia y la honestidad. ¿Que hay personas con más capacidad? Seguramente. ¿Que las oportunidades se las ha dado la filiación política? Es posible, pero las ha aprovechado con integridad. Cuántos no. ¿Que en el seno de la Cancillería hay excelentes cuadros? Cierto. Pero también les llegará el momento en que su profesionalismo será reconocido. La vicecanciller Matamoros Castillo a su corta edad, asume con credenciales superiores a tantos otros de avanzada edad en la administración pública. ¡Enhorabuena!

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