Opinión

A salvar la caficultura

Se ha hablado mucho de las bondades del cultivo de café en Honduras: que es el ejemplo más visible de la democracia económica, que es la principal fuente generadora de divisas, que es una barrera de contención para los problemas sociales en el área rural; que mientras los demás rubros no despegan o se estancan, la producción del aromático mejora cuantitativa y cualitativamente, etc., etc.

Pues bien, en medio de tantas dificultades socioeconómicas que sufre Honduras, esa es una realidad incuestionable. El problema es que esa realidad positiva está en serio peligro, ya que actualmente es víctima de un brutal ataque del hongo de la roya del café, que si bien desde 1970 apareció en nuestra región, en Brasil, nunca había alcanzado la capacidad de daño que tiene en la actualidad.

Se calcula que el 35% de las plantaciones de café en la región centroamericana están afectadas por la roya. Solo en Honduras, según datos proporcionados por personas vinculadas al sector, ya ha destruido unas 20 mil manzanas, perjudica a otras 80 mil y amenaza a cien mil más, lo que representa la mitad del área cultivada en el país.

En una tardía reacción, porque los demás países centroamericanos lo habían hecho mucho antes, el gobierno hondureño decretó el pasado jueves una “emergencia fitosanitaria” para atender el problema, aunque sin especificarse las acciones concretas a realizar ni identificar las fuentes para obtener los más de 1,600 millones de lempiras que se necesitan, según dirigentes de los caficultores.

Claro, como en este caso se trata de una epidemia regional, provocada por un hongo cuyas esporas se mueven fácilmente de un lugar a otro, la estrategia de combate y la obtención de los recursos para enfrentarla debe realizarse de forma conjunta, procurando incluso la ayuda de la comunidad internacional.

Como sea, lo importante es que se materialicen las acciones de combate contra la roya, tanto las de corto como las de largo plazo, pues se trata primero, de salvar la producción 2013-2014 y, después, adoptar todas las medidas preventivas necesarias a fin de que los caficultores puedan convivir con este vieja plaga.

Controles manuales y químicos, mejores planes de fertilización, renovar los cafetales mediante podas o con variedades resistentes ya cultivadas con éxito, son los consejos de los expertos, pero para llevarlos a la práctica, los más de 100 mil productores hondureños requieren de una más efectiva asistencia técnica y financiera.

Para Honduras, salvar a la caficultura representa mucho, pero mucho más que ayudar a productores en apuros.

Tags: