Opinión

55 años de promoción cultural

Un sobresaliente compatriota, que ha combinado la abogacía con la música, lleva ya medio siglo y cinco años de animar e impulsar la actividad artística capitalina. Se trata de Jubal Valerio.

Sus primeros pasos en esta altruista labor los inició siendo aún adolescente cuando ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, en 1958, en un clima democratizador propicio para la creatividad, el intercambio y el debate intelectual.

Se vivía la primavera y la apertura política fomentada por el gobierno de Ramón Villeda Morales.

Ora repartiendo programas de las presentaciones del Teatro Universitario, dirigido por el proteico actor y director Francisco Salvador Aguilar, ora acomodando asistentes.

Con otros compañeros de clase fundó el quincenario Tribuna Universitaria y el periódico radial Patria y Juventud.

Participó en el comité organizador del Primer Foro sobre Reforma Universitaria y, en 1960, en la organización del Primer Congreso de Estudiantes Universitarios de Centroamérica y Panamá.

El golpe de Estado de 1963 y la subsiguiente represión e intolerancia afectaron el clima cultural hasta entonces floreciente, dado que varios intelectuales y artistas debieron partir al exilio y/o se llamaron al silencio.

Empero, para 1966 participa, en unión de otras personas, en la fundación de la Sociedad Pro Arte, la que durante años tuvo a su cargo el montaje de la temporada anual de conciertos en la capital.

A partir de 1970 y hasta 1977 asume la dirección de Extensión Universitaria del Alma Máter, apoyando la producción editorial, la actividad teatral, musical y coreográfica, fundando el Instituto de Estudios Laborales como parte de la proyección hacia la comunidad.

En 1974 organizó el Coro Universitario, bajo la dirección del maestro chileno Jorge Bonilla Vera; en 1977 funda la Orquesta de Cámara: aquel y esta conformaron el núcleo de la Carrera de Música del recién formado Departamento de Arte.

Hasta 1981 laboró en él, como director y docente. En 1986 fungió como Director General de Cultura y Turismo de dicha Secretaría de Estado, organizando la Orquesta Sinfónica Nacional, la que dirigió de 1994 a 1998.

En 1989 organizó la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño; en 1992 funda la Radio Stereo Concierto, la primera emisora dedicada exclusivamente a la transmisión de música clásica, que logró educar a sus radioescuchas en las composiciones de los grandes maestros.

En el 2002 presentó a las Fuerzas Armadas la propuesta para la organización del Museo del Aire, del cual fue su primer director, que recoge la historia y trayectoria de la aviación militar nacional.

A partir del 2007 inició gestiones para recuperar el edificio abandonado que durante años albergo las Facultades de Medicina, Odontología y Farmacia, ubicado en la Calle Real. Contó con el respaldo de la Cámara de Comercio e Industrias de Tegucigalpa, firmando una Carta de Intenciones con las autoridades universitarias, hasta lograr su rehabilitación y apertura durante la gestión de la rectora Julieta Castellanos.

Hoy, Comayagüela cuenta con su propio punto focal cultural, en conjunción con la Escuela Nacional de Bellas Artes y el Teatro Avellaneda.

Realizó el estudio biográfico del autor de la música de nuestro Himno Nacional, el alemán Karl Hartling, y tiene en preparación dos obras más sobre temática cultural.

Ha sido columnista de los diarios El Cronista, El Día, La Tribuna, EL HERALDO, y fue cofundador de Presencia Universitaria, órgano oficial divulgativo del alma máter, y de la revista Noticiero Musical.

Sean estas cortas líneas un modesto reconocimiento para un abnegado hondureño que ha brindado los mejores años de su existencia fructífera a la difusión de la cultura universal y nacional.

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