De Tegucigalpa podemos redescubrir su pasado de verdades y falsedades, describir el presente de insatisfacciones y decepciones así como escribir su futuro donde la añoranza será desesperanza.
Documentada historia de negligencia, indiferencia, incapacidad y deshonestidad acumulada.
No hay explicación que justifique este remedo de “Capital” después de 435 años. El tiempo deja modernidad y equidad en comunidades dirigidas con buen suceso y mejor seso. “Barrios y Colonias” (EL HERALDO) diariamente muestra su deterioro sin prevención ni atención por ediles entretenidos en otras lides que si resolvieran, tendrían trabajo y se notaría más que puentes y desniveles “por primera vez”. En los detalles está el detalle.
Celebraron 435 años con típica feria pueblerina. Misa para que la vulnerabilidad no nos arrastre, carnavales embrutecedores, sopeadas y “baliadas”. Nada rescatable habiendo tantos temas que discutir y proponer con ciudadanos capaces, artistas verdaderos, escritores, historiadores, en fin, un programa para desasnarse sin esa ofensiva mediocridad que los hace orgullosos de su incapacidad sin competencia.
El 9 octubre 2001 escribí “callar ante su ruidosa existencia es borrar de nuestra memoria muchos años vividos en ella, por ella y con ella”. Han pasado 435 años de indolencia, abandono y con mil errores más que el primero. El crecimiento poblacional desmedido e irracional no contribuye al ornato ni al desarrollo socioeconómico. Invaden para construir viviendas explotando su pobreza y cuando no es satisfecha aumenta la marginalidad con su entorno delincuencial. La capital ha sido una inercia destructiva, sin rumbo ni control en busca de lo fácil aumentando el descontento, la agresión y la incultura sin prever las consecuencias que desde siempre lamentamos. Todo se permite con la complicidad edilicia y del gobierno central, que todo comienzan sin terminar. La falta de efectividad es resultado de su incapacidad.
El alcalde, antes de asumir, marcó miles de baches de las calles y acusó al exedil correligionario y amigo de corrupto. Hoy hay cráteres de corrupción. Desvergüenza: ostentación de faltas, vicios e impudicia.
435 años soportando una capital asquerosamente sucia, desastrosamente urbanizada y lamentablemente irrecuperable. No merecemos un carnaval, sino un vendaval de voluntades con actitud diferente para enorgullecernos como capitalinos.
Mientras celebran los ensoberbecidos, en las colinas marginadas están los sin casa, sin calles, sin agua, sin letrina, sin luz y sin comida. Los que se refugian en el calor del frío, que negocian la utopía de su subsistencia en los días sin luna y noches sin sol. Ahí cerca de nuestros rostros y lejos de la conciencia están los que nunca tendrán un festival de salud ni educación, los que contemplan la inocultable irresponsabilidad de los que dan circo para ocultar por un instante la eternidad de su inoperancia.
Tegucigalpa de mi inocente niñez, de mis jóvenes sueños, de mis lágrimas y carcajadas, de mis largas meditaciones y mi lento caminar, cómo duele el gozo de los incapaces que te carnavalean.