Los sacerdotes hondureños renovaron el jueves su promesa de servir a Dios en la celebración de la misa crismal, una ceremonia realizada en la Basílica de Suyapa, hasta donde llegaron cientos de feligreses.
Esta celebración se hace en memoria de cuando Jesucristo comunicó su sacerdocio a los 12 apóstoles, antes de ser crucificado para pagar por el perdón de nuestros pecados.
La misa crismal también da el pitazo inicial de los actos centrales de la Semana Santa, cuya parte más importante en la Resurrección del Hijo de Dios.
La ceremonia estuvo a cargo del obispo Juan José Pineda, en sustitución del cardenal Óscar Andrés Rodríguez, quien se encuentra incapacitado por una lesión en su tobillo.
Pineda comentó en el inicio de la misa que el papa Francisco se había comunicado con el cardenal Rodríguez para preguntarle por el estado de su tobillo.
Esta es la segunda llamada que su eminencia el cardenal Rodríguez recibe del papa Francisco, afirmó Pineda, por lo que agradeció al nuncio apostólico (embajador) del Vaticano, Luigi Bianco, por el gesto del máximo jerarca de la Iglesia Católica.
La misa crismal
En esta ceremonia se consagra además el santo crisma, el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos que se usarán durante las celebraciones de este año para bautizos, confirmaciones y para consagrar sacerdotes y obispos, según sea el caso.
En el acto de renovación de la promesa sacerdotal, el obispo Juan José Pineda pidió a los presbíteros emular el gesto que hizo el papa Francisco el día de su asunción, cuando solicitó a los feligreses que lo esperaban en la Plaza San Pedro del Vaticano que oraran por él.
Entonces los sacerdotes presentes en la Basílica de Suyapa, incluyendo al obispo Pineda, se pusieron de frente a la feligresía y cayeron sobre sus rodillas. Las plegarias de los religiosos hicieron más solemne el acto.
La renovación de la promesa culminó con la eucaristía y un abrazo individual de parte del obispo a cada uno de los sacerdotes, muchos de los que fueron ovacionados, aplaudidos y reconocidos públicamente por sus seguidores parroquiales que llegaron hasta Suyapa.
El mensaje a sacerdotes
El obispo Pineda recordó que las unciones en la Iglesia son símbolo de gozo y de alegría, para curar, para consagrar, para enviar misioneros, pero siempre con la característica de la alegría.
En ese sentido les recordó a los sacerdotes radicados en Honduras pedir a Jesucristo que los llene “de la fuerza para anunciar la buena noticia a todo el mundo, a todo aquel que está sediento del evangelio y de Jesucristo”.
Dijo que “el hermano que unge al hermano, lo hace en nombre de Dios a través del Espíritu Santo, por eso, nosotros que estamos en este presbiterio y que hemos sido ungidos como sacerdotes, hoy debemos pedirle a nuestro Padre que nos enseñe a ungir a nuestros hermanos, a todos, a los justos y a los pecadores, con corazón fraterno y paterno, con el espíritu de familia”.
Les aconsejó además “tratarse” siempre como “ungidos por Dios”, además de estar “unidos en el servicio y en el trabajo con los fieles” que tanto necesitan de la guía espiritual de los sacerdotes.
“Somos templos del Espíritu Santo... y por eso hay que pedirle a nuestro Padre Jesucristo y a Dios que envíe sobre nosotros, sobre nuestra Honduras, su espíritu para que todos seamos hermanos y que jamás, jamás, jamás haya rencores ni divisiones”, declaró Pineda.
Es necesario que se mantengan unidos en “las dificultades y los conflictos que pueda haber entre nosotros... recordemos lo que nos dicen las escrituras sobre la lucha entre David y Saúl...
En el primer libro de Reyes en el capítulo 26 y versículo 11 donde dice: ‘líbrame Señor de levantar la mano contra el ungido del Señor’”.