VI Estación: “Nunca falta quien desfigure el nombre de sus hermanos”
La Verónica limpia el rostro de Jesús. Evangelio según San Mateo: “Al atardecer se acercaron los discípulos diciendo: el lugar está deshabitado y la hora es ya pasada, pide pues a la gente para que vayan a los pueblos y se compren comida, más Jesús les dijo: no tienen por qué marcharse, denles ustedes de comer”.
En la escena de la sexta estación, explicó el obispo de Tegucigalpa, Juan José Pineda, la turba se empuja para ver a Jesús.
“Le gritan cualquier cosa para manifestar su rechazo, los soldados, queriendo demostrar su poder, se ensañan contra los condenados y especialmente contra Jesús que camina lento por la debilidad, el dolor y el peso y la cruz”.
“Su rostro está cubierto de sangre, hinchado y ensangrentado por los golpes, su belleza está escondida por la maldad de los que le han torturado y seguirán, su rostro está escondido por el pecado de muchos de nosotros que hemos decidido golpearle”.
Rostro
Pineda dijo que en Honduras nunca falta quien quiera desfigurar el rostro y el nombre de las personas al tiempo que mencionó que también existen figuras como Verónica que se dedican a limpiar el rostro del Señor.
“En nuestra Honduras nunca falta quien quiera desfigurar el rostro, el nombre, la fama y la reputación de sus hermanos y te damos gracias Señor porque en nuestro camino de fe y en nuestra Honduras nunca falta una Verónica”.
“Nunca falta un hermano o una hermana que se dedique a limpiar tu rostro Señor, restaurando y recuperando el nombre, fama y reputación de su prójimo”.
En esta estación la Iglesia Católica pidió al Señor fortalecer la fe del pueblo cristiano “para que seamos capaces de unirnos en el ofertorio y entregarte como comunidad nuestro talento y nuestras necesidades”.
También se elevaron plegarias al Señor para que fortalezca la fe los cristianos, “para que venciendo nuestros temores nos decidamos a poner en tus manos nuestra vida sin condiciones”.
“Señor, fortalece nuestra fe para que en la próxima eucaristía sea la oportunidad de entregarte nuestra vida personal comunitaria como ofrenda de amor por tu infinita misericordia para con nosotros”.
Estación
En la sexta estación la tradición establece que en el trayecto de Jesús al calvario una mujer se abrió paso entre los soldados que lo escoltaban. De pronto aquella mujer enjugó con un velo el sudor y la sangre del rostro del Señor.
Según los escritos, el rostro del Señor quedó impreso en el velo de aquella mujer de nombre Verónica.
El velo, sobre el cual queda impreso el rostro de Jesús, representa un mensaje. De cierta forma establece: He aquí cómo todo acto bueno, todo gesto de verdadero amor hacia el prójimo aumenta en quien lo realiza la semejanza con el redentor del mundo.
Luego de aquel gesto, Verónica volvió con los demás, mientras apretaba el paño contra su pecho. Posteriormente, la mujer desplegó el paño y ante sus asombrados ojos apareció el mismo rostro de Jesús impreso allí, en ese trozo de tela. Y el rostro sonreía. Tenía razón Juan, el Señor siempre agradece lo poco que podamos hacer por Él. Verónica lloraba emocionada, rota de pena y sin embargo feliz, señalan las escrituras.
VII Estación: “Han querido hacer caer al pueblo”
En la séptima estación Jesús cae por segunda vez. Evangelio de San Mateo: “¿Y ustedes quien dicen que soy yo?, Simón Pedro contestó: tú eres el Cristo, el hijo del Dios vivo. Replicando Jesús le dijo: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque eso no te la ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.
En su mensaje en esta estación el obispo de Tegucigalpa, Juan José Pineda, resaltó que Jesús nunca intentó rechazar la cruz a pesar de los golpes contra las piedras con su rostro.
“Jesús cae por segunda vez, las fuerzas se han ido agotando rápidamente y aún falta el último tramo hasta llegar al lugar de su crucifixión, pero Jesús no hace el intento de rechazar la cruz”.
“Aunque su paso vacile, él sigue, sigue y sigue aunque caiga y su rostro bendito golpee contra las piedras en el camino, él sigue, su sí al Padre fue sin condiciones en su corazón, no hay dudas, ni cuestionamientos, su sí fue dado en libertad y nada lo apartará del compromiso adquirido”.
Quieren hacer caer al pueblo
El obispo de Tegucigalpa dijo que muchas veces han pretendido hacer caer a los hondureños desde dentro y fuera del país, así como Jesús cayó con la cruz en sus hombros.
Pineda sostuvo que los hondureños no han caído porque son un pueblo fuerte, perseverante, pacífico y lleno de fe.
“Pueblo hondureño, hermanos y hermanas, cuántas veces desde dentro o desde fuera de nuestro país han querido hacer caer a nuestro pueblo, sin embargo, este es un pueblo fuerte, un pueblo perseverante, un pueblo pacífico, un pueblo lleno de fe, un pueblo fuerte y un pueblo solidario”.
El representante de la Iglesia Católica sostuvo que aunque se insista en hacer caer a los hondureños, el pueblo siempre se podrá levantar así como Jesús con la cruz.
“Aunque alguien insista en hacer caer al pueblo hondureño y algunas de sus hijas y de sus hijos, nosotros nos vamos a levantar una y otra y otra y otra vez como tú Señor, y perseveramos en el camino que Tú nos propones hacia la resurrección”.
Pineda pidió elevar plegarias por todas aquellas personas que ocupan cargos de poder en el ámbito social, económico y político y que pertenecen a la Iglesia Católica.
“Roguemos al Señor por todos los cristianos católicos que ocupan cargos de poder en lo social, económico y político para que se decidan a vivir en coherencia con la fe que han profesado”.
“Roguemos al Señor por todos nosotros, para que no desfallezcamos en el camino por el que nos has llamado y no dejemos que el mundo nos lleve a apartarnos de la fe que hemos profesado”.
VIII Estación: “Organismos negocian con la pobreza de Honduras”
Jesús consuela a las mujeres. Evangelio según San Juan: “Los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: maestro esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio, Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres, ¿tú qué dices? Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra, pero como ellos insistían se incorporó y les dijo: aquel de ustedes que esté libre de pecado que arroje la primera piedra, e inclinándose de nuevo escribía en la tierra”.
“Ellos al oír estas palabras se iban retirando unos tras otros comenzado por los más viejos y quedó solo Jesús con la mujer que seguía en medio”.
“Incorporándose Jesús le dijo: mujer, ¿dónde están los que te han condenado?, ella respondió: nadie señor, Jesús le dijo: yo tampoco te condeno, vete y no vuelvas a pecar en adelante”.
En la octava estación el obispo de Tegucigalpa, Juan José Pineda, explicó que “está demostrado en el evangelio que las mujeres son más fuertes, más fieles, más sólidas y más perseverantes que los varones”.
“Miren, en ese Santo Vía Crucis la gran mayoría siguen siendo mujeres, como en el mismísimo camino de Jesús, María no deja a su hijo, las santas mujeres perseveran en el camino y ahora el Señor Jesús se dirige a ellas consolándoles, fortaleciéndoles”.
“Tristemente en este momento viene a la memoria de todo el pueblo hondureños cómo muchas veces organismos internacionales negocian con la pobreza de nuestra Honduras y parte de la negociación de la pobreza de nuestra Honduras pasa por la dignidad de la mujer y el respeto a la vida”.
Los organismos dicen: “les damos esto a cambio de aquello y muchísimas veces lo que piden a cambio para ayudar como organismos internacionales a nuestra Honduras es el aborto, mujeres, miren que el señor Jesús se detiene delante de ustedes, les consuela y les fortalece para que perseveren siendo imagen y semejanza de Dios generando la vida”.
“Ya hay quienes quieren negociar con el fruto de sus vientres, no permitan que nadie negocie con sus cuerpos, miren al Señor Jesús que se acerca a ustedes y que les quiere hacer fuertes en este camino en el que muchos quieren denigrarlas, gracias Jesús porque cuidas a las mujeres de Honduras”.
IX Estación: “Hay muchos en el mundo que gozan de que la Iglesia caiga”
Jesús cae por tercera vez. Evangelio según San Mateo: Y al orar no hablen mucho como los gentiles que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados, no sean como ellos, porque su padre sabe lo que necesitan antes de pedírselo. Ustedes pues oren así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, nuestro pan cotidiano dánoslo hoy y perdona nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores y no nos dejes caer en tentación más líbranos del mal.
En la novena estación el lugar de la crucifixión de Jesús ya está a la vista, dijo el obispo de Tegucigalpa, Juan José Pineda.
“A pesar de la ayuda de Simón Cireneo sus fuerzas parece ser que son menores y cae a tierra por el peso de la cruz por tercera vez, el dolor de sus heridas es ahora más que nunca evidente y parece ser que a lo largo de su camino ya no hay mano amiga que le sostenga, que le consuele o que le alivie de este tormento que todavía tiene que sufrir”.
“Solo dentro de él existe aquella certeza de que ‘padre estoy cumpliendo con tu voluntad, padre estoy recorriendo el camino que tú me propones’, esa es la certeza de Jesús y la certeza que le sostiene”.
Pineda sostuvo que existen muchas personas en el mundo que gozan de los tropiezos de los miembros de la Iglesia, quienes caen una, dos, tres y más veces, así como Jesús cuando caminaba con la cruz.
“Hay muchas personas en el mundo entero que se gozan, incluso, procuran que la Iglesia y los miembros de la Iglesia caigan uno, dos, tres y cuantas veces más mejor y se gozan por las caídas de la Iglesia”.
El obispo de Tegucigalpa pidió misericordia para aquellas personas que ponen zancadillas a los sacerdotes de la Iglesia y para quienes ponen zancadillas a los hombres y mujeres en su vida matrimonial para que caigan en infidelidad.
“Señor, ten misericordia de aquellos que ponen zancadillas a tus sacerdotes, Señor ten misericordia de aquellos que ponen zancadillas a los hombres y a las mujeres en su vida matrimonial para que haya infidelidad, Señor perdona aquellos que se gozan por las caídas y el dolor y el sufrimiento de tu Iglesia”
“Danos la fortaleza del señor Jesús para poder levantarnos a pesar de que muchos se gocen de vernos por tierra como te vieron a ti por tercera vez, caído en el suelo, gracias, Señor Jesús porque tú te levantas, gracias bautizadas y bautizados porque ustedes se levantan de sus caídas por la misericordia de Dios y seguimos caminando no solo por el camino de la cruz, sino por el camino de la vida y perseveramos en la caridad fraterna”.
San Pablo dice: Siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.
La tercera caída parece manifestar precisamente esto: El despojo, la kénosis del Hijo de Dios, la humillación bajo la cruz. Jesús había dicho a los discípulos que no había venido para ser servido, sino para servir.
Que no nos asuste la vista de un condenado que cae a tierra extenuado bajo la cruz. Esta manifestación externa de la muerte, que ya se acerca, esconde en sí misma la luz de la vida.
X Estación: “Nos quieren despojar del poco dinero, del país, de la unidad”
Jesús es despojado de sus vestiduras. Esa humillación es parte de la tortura para los condenados a este suplicio y Jesús lo acepta humildemente. Su sí al Padre es total y sin condiciones .“ ¡Pueblo hondureño!, muchos te quieren despojar de tu paz, hijas e hijos de Dios en este país, muchos nos quieren despojar de nuestra vida y hay un montón también que nos quieren despojar hasta de nuestra pobreza, quitándonos el poco dinero que tenemos. Nos quieren despojar hasta de nuestro país, nos quieren despojar de la unidad, nos quieren despojar de la comunión, nos quieren despojar de la fraternidad y nos quieren despojar también de la capacidad de este pueblo de saber perdonar a nuestros hermanos.
Sin embargo, llévense lo que quieran, pero no podrán llevarse a Jesús. ¡Llévense lo que quieran! pero no se podrán llevar nuestra fe. ¡Llevénse lo que quieran!, pero no se podrán llevar la solidaridad de este pueblo hondureño.
¡Despójennos!, quítennos las cosas que quieran, pero lo que tenemos en nuestra mente y en nuestro corazón que es la unidad, la paz y la reconciliación, de eso, porque lo hemos aprendido de ti Señor, de eso nadie nos puede despojar, expresó el obispo auxiliar, Monseñor Juan José Pineda en la homilía de la Décima Estación.
La historia de la Pasión relata que aquel viernes Benjamín y Cayo habían estado alguna vez en el lugar donde Jesús sería crucificado, a pesar de que sus padres se lo tenían terminantemente prohibido. No es un lugar agradable. La gente lo evita. Desde hace tiempo se emplea para ejecutar a bandidos y rebeldes.
Enseguida los soldados se han puesto manos a la obra. Están acostumbrados. Pero para los demás es la primera vez. Han tirado a Jesús al suelo, sin miramientos. Unos soldados le dan de beber vino con hiel –para que el dolor no sea tanto y pueda aguantar hasta el final-, pero Él apenas lo prueba. No quiere ahorrarse ningún sufrimiento.
A Jesús nada le queda, absolutamente nada. Ahora comienzan a quitarle la ropa. Cayo y Benjamín se acercan con disimulo, porque les gustaría recogerla para dársela a su Madre. Un soldado les aparta de un manotazo. Quieren la ropa de Jesús para ellos, porque es buena, sobre todo la túnica. Esta la sortean y lo demás se lo dividen.
- Esa túnica se la hizo María, les dice Juan.
Han dejado a Jesús casi desnudo. Miramos su Cuerpo con espanto. No hay nada sano. La gente le mira riéndose, muchos todavía le insultan. Todo lo sufre con paciencia, con obediencia a la voluntad de su Padre, con un amor tan delicado que nos pone la carne de gallina.
El soldado Mario se acerca a nosotros, al pequeño grupo donde estamos con María y Juan, con algunas otras mujeres, y con Benjamín y Cayo. Mario se dirige a María:
¿Eres tu la Madre de este Hombre? Por un momento María no dice nada. El dolor le impide pronunciar palabra. Mira al soldado con ternura. Mario insiste: - Eres tu la Madre de Jesús de Nazaret? sí, lo soy -responde al fin María, con una voz tan dulce como la de un ángel. Yo me llamo Mario y me ha tocado en suerte la túnica de tu Hijo. Aquí está, es tuya.
María sonríe. El corazón de los hombres se acerca a Jesús por medio de su Madre, ahora y siempre. Coge la túnica, la abraza, la besa una y mil veces...
Gracias soldado Mario. Pediré a Dios por ti. Y Cayo se siente orgulloso, como romano, mientras mira a Jesús que, en su desnudez, le parece más Rey que nunca.