Tegucigalpa. Para el exministro del Trabajo y exdirigente obrero, Felícito ávila, los políticos no deben involucrarse en la celebración del 1 de mayo porque es un día exclusivo de los trabajadores.
Según este excandidato presidencial de la Democracia Cristiana, el movimiento social en Honduras es muy pequeño, debe crecer.
La estabilidad laboral debe ser uno de los desafíos de la clase trabajadora hondureña. Aquí su diálogo con EL HERALDO.
¿Qué opinión tiene usted de la forma en que ahora se celebra en Honduras el primero de mayo? El primero de mayo ha tenido la virtud de que ha habido pluralidad. El primero de mayo no solo debe ser la expresión de un día, sino que debe ser una agenda que debe ser manejada por los trabajadores. Al primero de mayo hay que ponerle cuidado, no es un día más. Es ahí donde se están generando aquellas cosas que se dicen sinceras, reales y que pueden contribuir a tener una visión de futuro.
Muchos critican que los políticos ahora están desplazando a los trabajadores en su día. ¿Qué opina usted? Esos son los cuidados que se debe de tener pero ya son problemas estructurales. El primero de mayo es un día universal y el mayor respeto que debe haber no es tanto de los trabajadores para estos grupos, sino estos grupos para los trabajadores. Los políticos tenemos tribunas permanentes por las cuales se trabaja, pero los trabajadores tienen su propio día.
¿Siente usted que los políticos están utilizando a los trabajadores? Siento que la gente política no está respetando a los trabajadores, no es que los están desplazando, es que los están irrespetando. Los trabajadores en su día merecen respeto. Son ellos los principales autores, los protagonistas.
¿Parece, sin embargo, que son los trabajadores los que están tolerando la presencia de políticos en las marchas? Esa es la connotación que queda de eso. Yo siempre he creído que los trabajadores defienden sus propios intereses y lo sigo pensando de esa manera. No es una cosa de tarjetas, de etiquetas. A las marchas todo el pueblo hondureño puede asistir. Todos lo pueden hacer. Pero aquellos que tienen cargos públicos, cargos políticos y partidarios, debiesen conducir sus quejas a través de las organizaciones sociales.
¿Qué consecuencias puede traer a corto o mediano plazo para la clase trabajadora que los políticos sigan participando en sus marchas? Se irá desmejorando la apreciación genuina de los trabajadores en su día. Y eso son los propios trabajadores los llamados a cuidarlo. Aunque hay un pluralismo que hay en la calle.
¿Cuáles son los principales desafíos de la clase trabajadora hondureña? En primer lugar la estabilidad laboral, en segundo lugar el crecimiento. Debe crecer la organización social, tener mayores reivindicaciones socioeconómicas, especialmente en el tema de previsión social. Los trabajadores no pueden en ningún momento abandonar la previsión social, deben preocuparse por los trabajadores del sector social que no tienen una previsión social elegante.
Honduras no debe tener el temor de que el crecimiento de las organizaciones sociales es un riesgo, al contrario, en la medida en que haya más organizaciones sociales hay más estabilidad política y democrática.
¿Usted cree en una sola organización obrera? En Honduras desde hace varios años tienen las centrales de estarse coordinando. No se han constituido estructuralmente pero sí se ha venido coordinado y les ha dado resultado. Yo creo que oficializarlo sería llevar a la práctica algo que han venido haciendo. Cuando se habla de una central unitaria también se habla que la pluralidad debe existir en la misma. Así como hablamos de la unidad del sector empresarial también los trabajadores tienen la necesidad de estar organizado.
¿Debe, a su criterio, ser reformado el Código del Trabajo? A estas alturas sí tiene necesidad de reformas, pero tiene que buscarse un consenso. No es de trastocar la ley, sino de mejorar la ley y ponerla en condiciones de que favorezca tanto al capital como al trabajo.
¿Qué partes del Código deben reformarse? Hay aspectos como el área de inspección, pero debe de respetarse a los trabajadores su respeto como tal.