El presidente estadounidense Barack Obama fracasó en su iniciativa de lograr aprobar la reforma migratoria en 2013 y ahora depende de la voluntad de los ultraconservadores republicanos del Tea Party y de los cálculos políticos de los moderados de cara a las elecciones de término medio en Estados Unidos en noviembre próximo.
A pesar que los hispanos apoyaron abrumadoramente a Obama en su campaña reeleccionista, no han sido premiados por los demócratas y la Casa Blanca en poner todo su empeño para lograr que 11 millones de indocumentados logren obtener su legalización en el país.
Los beneficios económicos para Estados Unidos serían enormes, además de tener mayor control sobre un número grande de personas que virtualmente viven en el anonimato, temerosos de ser deportados.