En picada cifra de menores infractores en centros de internamiento: “De toda mi vida, esto ha sido lo más difícil”

Aunque el número de menores que cometieron infracciones aumentó, el 73% de los casos obtuvo medidas sustitutivas distintas a la privación de libertad. El programa permite pagar su falta desde casa

Los menores infractores en centros de internamiento deben estudiar y someterse a las reglas de cada centro hasta pagar su pena. Los jóvenes también reciben talleres de pintura, música y hasta aprenden oficios.

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Los nombres de los menores que aparecen en este reportaje fueron cambiados para proteger su identidad

CEDROS, FRANCISCO MORAZÁN.- Con mucha timidez, Joaquín entró a la oficina a la que fue citado días atrás. Se paró por unos segundos al costado de la puerta, saludó y caminó de forma apresurada hasta llegar a las sillas que estaban al fondo de la pequeña habitación.

Su cuerpo lucía tenso, como si tuviera miedo de ser juzgado por ser uno de los 181 menores infractores que están en Centros Pedagógicos de Internamiento (CPI), algo que confesó minutos más tarde en el calor de la conversación.

Al inicio fue bastante puntual. En diálogo con la Unidad Investigativa de EL HERALDO Plus dijo que antes de ingresar a Jalteva (conocido como Jalteva Viejo), un centro ubicado en Cedros, Francisco Morazán, su vida era como la de cualquier adolescente.

Dijo que estaba en un colegio privado, que jugaba fútbol, que le gustaba viajar y que nunca se había separado de su familia... hasta ahora.

“Cuando llegué fue lo más difícil porque nunca he estado acostumbrado a no vivir en mi casa... De toda mi vida, tal vez, esto ha sido lo más difícil”, contó.

$!Joaquín fue detenido tras una denuncia de violación y actos de lujuria. Al salir del centro de internamiento en Jalteva quiere estudiar en la universidad. Joaquín contó que antes de entrar a Jalteva su vida iba bien, pero no era tan productiva como ahora.

Internamiento

Joaquín tenía 15 años cuando fue detenido por una denuncia de violación y actos de lujuria. La detención no fue motivo suficiente para pensar que iba a ser sancionado, al contrario, creyó “que iba a salir rápido”, confesó.

Un juez le dictó dos años en un centro de internamiento, en este caso Jalteva, donde comparte con otros 35 menores infractores (con él son 36).

De forma pausada y con vos ronca, algo típico por ser adolescente, contó que tiene seis meses en rehabilitación y que está próximo a una revisión de medidas, lo que podría incluirlo en el Programa de Medidas Sustitutivas a la Privación de Libertad.

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Bajo la supervisión del Instituto Nacional para la Atención a Menores Infractores (INAMI) hay 1,555 menores bajo el programa y apenas 181 privados de libertad. Es decir, hasta el 30 de junio de 2022 había 1,736 menores infractores, pero 9 de cada 10 casos estaban en rehabilitación desde casa.

Joaquín podrían beneficiarse de este programa, pero mientras tanto debe acoplarse a las normas y reglas del centro.

En Jalteva no hay muros, ni torres de seguridad, no hay vigilancia constantes y tampoco celdas. El centro es como una escuela, con la excepción que los jóvenes son infractores y un juez les ordenó pagar su pena allí.

Un portón negro y un muro de lámina sirve de bloqueo para ingresar al centro, todo lo contrario con el recién construido Jalteva Nuevo, un edificio de alta seguridad instalado al lado. Allí están los adolescentes vinculados a estructuras criminales.

Rutina

Los menores en Jalteva empiezan su día justo cuando el sol se prepara para salir: a las 5:00 de la mañana.

Todos los días siguen prácticamente el mismo esquema: de lunes a viernes se despiertan, se bañan, arreglan sus camas, desayunan y luego va a clases.

Al mediodía almuerzan para luego continuar con otro bloque de clases. En el caso de Joaquín, como está en su colegio privado, los horarios son completamente coordinados para que reciba educación virtual y siempre debe ser supervisado por una autoridad, según dijo el director de Jalteva, David Maradiaga.

La parte espiritual es por la tarde, cuando los jóvenes se sientan bajo el frondoso “árbol del éxito”, donde reflexionan y dialogan sobre la vida. Después viene la cena, y un par de horas de relajación en una pequeña sala ubicada en la parte frontal de las habitaciones.

La Unidad Investigativa de EL HERALDO Plus ingresó a las habitaciones de los jóvenes, donde duermen de acuerdo con las edades, es decir, en un módulo hay menores de 12 a 15 años, en otro de 16 a 17 y en otro de 18 o más.

Además de la sala, cada módulo tiene dos pequeños cuartos: uno donde están los gaveteros donde guardan la ropa y otro donde duerme la persona que los vigila durante la noche.

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Al fondo es como una habitación compartida que tiene una pequeña pared en la mitad. Al lado izquierdo hay seis camas y al lado derecho otras seis. Todas las camas están tendidas y encima tiene una Biblia abierta, justo en la página donde aparece el Salmo 91.

En el dormitorio también hay baños compartidos, algunos en mal estado. A las 9:00 de la noche los jóvenes deben dormir y cada módulo es cerrado para evitar incidentes.

Centros

Jalteva alberga a jóvenes comunes que cometieron uno o más delitos, pero hay otros centros que tienen a menores ligados a maras y pandillas.

Por ejemplo, al lado de Jalteva está Jalteva Nuevo, un Centro Pedagógico de Internamiento que parece más una cárcel, según constató la Unidad Investigativa de EL HERALDO Plus.

Allí está la mitad de los 181 menores infractores privados de libertad a nivel nacional. Este rotativo conoció que todos los jóvenes que estaban en Renaciendo, un centro ubicado en Támara, Francisco Morazán, pasaron en 2021 a Jalteva Nuevo.

La seguridad en este centro es completamente diferente a la de otros. Los módulos están alejados por puertas que solo las autoridades pueden abrir.

Los jóvenes vinculados a una pandilla no tienen contacto con la de otros y están segmentados por edades. Los horarios de clases o atención médica u odontológica son calendarizados (excepto en emergencias).

Las visitas son restringidas cada 15 días; los familiares son revisados y deben pasar por arcos detectores de metal. No permiten ingresar fajas, gorras, aretes, cadenas, anillos, ni nada que pueda ser usado por los menores infractores.

Los jóvenes que están en este centro deben estudiar y aprender oficios, según la planificación a la que tuvo acceso la Unidad de Investigación de EL HERALDO Plus.

Reciben clases en aulas o talleres donde solo pueden usar los utensilios o materiales en horarios correspondientes. También tienen un tiempo de lectura, para pintar, ver películas y visitar el área de recreación.

Todo bajo supervisión. En las habitaciones hay cuatro camas tipo literas con bases de cemento. Cada módulo, que está cerrado por un portón, tiene una cancha de baloncesto, área de lavandería y las habitaciones.

“Hay jóvenes que el grado delincuencial al que han incurrido es temerario, es terrible, y se necesita un lugar en el cual ellos estén sujetos a ciertas medidas de seguridad”, justificó Felipe Morales, director del INAMI sobre las instalaciones de Nuevo Jalteva.

El funcionario detalló que su comportamiento es evaluado para ser trasladados a centros semiabiertos o aplicar al Programa de Medidas Sustitutivas.

Incluso, mencionó que tienen apoyó de varias organizaciones para que muchos de los 91 menores en ese centro puedan cumplir su pena desde casa, siempre bajo supervisión. Aquí quedan exentos los casos de menores que obtuvieron una condena por homicidio.

Último recurso

En 2015, el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas recomendó a Honduras promover medidas sustitutivas a los menores para que la privación de la libertad “sea la medida de último recurso” y que “tenga la duración más corta posible y efectivamente se revise con carácter periódico con miras a eliminarla”.

Desde 2015, INAMI pasó de tener 394 menores privados de libertad a 181 (hasta el 30 de junio de 2022), esto no significa que el número de menores infractores disminuyó, al contrario, la incidencia aumentó, solo que el 73% de los casos (desde 2015 hasta 2022) tienen medidas sustitutivas.

Para 2015 habían 765 menores infractores en Honduras; dos años después el número aumentó a 1,141, mientras que en 2020 ya pasaban los 1,600 casos, entre mujeres y hombres.

En 2022 la cifra llegó a 1,736, pero el 90% con medidas sustitutivas y solo 181, entre ellos Joaquín, pagando la falta desde un centro de internamiento, donde no puede salir, viajar o hacer muchas de las cosas que formaban parte de su rutina antes de ser detenido.

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