Las fallas previas detrás del accidente en Roatán: “Se decía que cualquier día se podían caer”
Dos días antes del fatídico accidente en Roatán, un vuelo del siniestrado avión Jetstream 32, con matrícula HR‑AYW, fue retrasado porque estaban revisando la aeronave, afirmó un pasajero que viajaba hacia La Mosquitia
- Actualizado: 17 de marzo de 2026 a las 17:33
Tegucigalpa, Honduras.- La probabilidad de que exista un accidente fatal es de 1 en 2.75 millones de vuelos, pero esta tasa aumenta cuando las aeronaves no cumplen con todos los estándares internacionales para ser pilotadas.
Al menos eso es lo que indica el estudio Airline Safety: Still Getting Better (Seguridad aérea: ¿sigue mejorando) del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
En el caso del vuelo LNH-018, a cargo del avión Jetstream 32, matrícula HR‑AYW, de la aerolínea LANHSA, las probabilidades eran mucho mayores, pues la aeronave ya había reportado fallas en repetidas ocasiones, según testimonios recabados por EL HERALDO Plus.
Uno de los últimos casos fue el domingo 15 de marzo de 2025 (dos días antes del fatídico accidente en Roatán, donde fallecieron 12 personas y 5 sobrevivieron), cuando se reportó un retraso de cuatro horas en el aeropuerto de La Ceiba, en Atlántida, porque el avión presentó fallas previo a despegar desde Roatán, comentó el periodista Paulo Cerrato, quien iba como pasajero.
En diálogo con EL HERALDO Plus, Cerrato recordó que ese día tenía previsto un viaje a La Mosquitia, en el departamento de Gracias a Dios.
La ruta era desde el aeropuerto Toncontín, en Tegucigalpa, con escala en La Ceiba, Atlántida, donde cambiaban de aeronave; posteriormente se dirigía hasta Puerto Lempira en Gracias a Dios en el avión de LANHSA.
Cerrato aseguró que el viaje de Tegucigalpa hasta La Ceiba no tuvo contratiempos porque iban en otra aeronave, pero que cuando les tocaba subir al avión Jetstream 32, matrícula HR‑AYW, de la aerolínea LANHSA, les informaron que estaba retrasado.
"Dijeron que estaban revisándolo, no dijeron fallas, pero sí que estaba en revisión", contó.
Una fuente afirmó a EL HERALDO Plus que ese día el avión sí estaba en revisión, pero por fallas mecánicas sin especificar de qué tipo.
El avión fue revisado y cuatro horas después despegó con destino a La Ceiba, donde Cerrato junto con otros 18 pasajeros esperaban para que los llevara hasta Puerto Lempira.
El hondureños afirmó que, al despegar, se sentía "como sus plásticos viejos crujían en el vuelo, se sentía inestabilidad... se notaba que todos los plásticos y asientos vibraban, no había aire acondicionado, era como ir en una lata de sardinas".
"Al momento de aterrizar se sintió una vibración fuerte, pero no como los aterrizajes normales que se siente cuando la llanta choca al suelo sino una vibración más fuerte", confió.
Esto generó temor entre los pasajeros, quienes agradecieron tras aterrizar sanos y salvos en Puerto Lempira.
Con tristeza, Cerrato lamentó que "dos días antes del accidente en Roatán la aeronave presentaba condiciones de desgaste y siempre se decía que era un riesgo viajar en esas avionetas y que cualquier día se podían caer y, bueno, ocurrió".
Piloto también reportó fallas
El fatídico accidente ocurrió el 17 de marzo de 2025. El avión despegó del aeropuerto Juan Manuel Gálvez y segundos después cayó al mar.
El informe de la Comisión Investigadora de Accidentes e Incidentes de Aviación (CIAIA), adscrita en ese momento a la Agencia Hondureña de Aeronáutica Civil (AHAC), indica que a las 6:24 de la tarde el avión se posicionó en la pista 07 del aeropuerto, siguiendo las instrucciones de la torre de control.
En ese momento, las condiciones meteorológicas mostraban buena visibilidad, vientos ligeros del norte (6–9 nudos), algunas nubes dispersas a unos 2,200 pies y temperatura aproximada de 27 °C.
Minutos después, el Jetstream inició la carrera de despegue en sentido oeste‑este, con rumbo a La Ceiba.
Según el informe preliminar, la aeronave alcanzó entre 20 y 35 pies de altitud, se desvió bruscamente hacia la derecha, perdió el control y cayó al mar cerca del borde occidental del aeropuerto de Roatán.
La hora exacta del impacto en el agua ocurrió a las 6:30 de la tarde, a unos 100–150 metros de la orilla de la pista. Es decir, desde que recibió la orden desde la torre de control hasta el impacto apenas pasaron dos minutos.
El avión cayó al agua, donde pescadores contaron que, al ver lo ocurrido, lograron rescatar a los cinco sobrevivientes; otros 12 habían fallecido debido al impacto.
Entre los fallecidos estaban el piloto Luis Araya y el copiloto Francisco Lagos. EL HERALDO Plus conoció que Araya ya le había comentado a su familia que no continuaría pilotando por las condiciones de los aviones.
Mencionó que ese día el avión había presentado desperfectos en el sistema hidráulico antes de salir de Puerto Lempira hacia Roatán, pero que se hicieron pruebas y funcionó.
Un año después del accidente todavía se desconocen las causas, aunque fuentes consultadas por este equipo mencionaron una serie de situaciones que apuntan a que todo ocurrió por negligencia y fallas mecánicas.
En marzo de 2025, Jorge Corrales, quien en ese entonces fungía como subdirector de Aeronáutica Civil, afirmó que “el avión sí recibió los mantenimientos programados frecuentemente dentro del programa anual de inspecciones”; sin embargo, el piloto externó a su amigo Fausto Molina la falta de mantenimiento del equipo.
“Él estaba muy preocupado por las condiciones de la aerolínea aérea LANHSA. En algunas condiciones, él se negaba a volar. Estos aviones no tenían el debido mantenimiento”, declaró el abogado de profesión.
Las declaraciones coinciden con lo expresado por Cerrato, quien lamentó que todas las aeronaves que viajan a Islas de la Bahía y Gracias a Dios presentan las mismas condiciones, como si su tiempo de utilidad ya hubiera terminado.