Situado en el ojo del huracán y atacado por las siete plagas de Egipto, el bicampeón de Honduras solo jugó a la lotería y, en un auténtico día de suerte para el Mundo Blanco, pudo raspar un inmerecido empate 1-1 en el último respiro ante el insubordinado Platense de Alberto Romero.
Adornado de color verde, el equipo de Puerto Cortés estuvo a cuatro minutos de quebrar el invicto del Olimpia pero, en el balance, ha salido de la ciudad con el título de “vencedor honorífico”, en una tarde que tuvo una nube negra persiguiendo al Más Popular: la desafortunada acción de Donis Escober en el 0-1; la silbatina del estadio entero en el medio tiempo y 11 burócratas vestidos de blanco que parecían estatuas de carne y hueso, sin sentimientos, sin polenta, acaso abúlicos, apenas encendidos a 10 minutos del final, con los clavos ya sonando en el ataúd que enterraba los cinco años y ocho meses con los que Platense llegaba sin ganar en el Estadio Nacional.
Me llamo Platense...
Todo empezó tan temprano. Ian Osorio pidió asilo por la banda derecha, recogió una bonita triangulación entre Minella y Hulse y descargó un centro tan inofensivo que ningún habitante del juego pudo creer el resultado: Donis Escober la metía en su propia meta, en una especie de confabulación de los astros contra el Pimpollo, que redondea un inicio de torneo para el olvido (tras el descalabro en Olanchito). El “accidente” parecía un bocado salido de otro juego, pero no.
El Selacio se plantó con su típico enganche, dos delanteros y una línea de cuatro para disminuir metódicamente el rendimiento del enemigo, un enemigo que hacía llorar a la pelota y que trataba de dar vuelta a la rosca al minuto 35: Carlos Will entró por Henry Bermúdez y Sebastián Rosano pasó a ser lateral.
A decir verdad, el Blanco ocupaba una reingeniería completa, porque no podía dar tres pases buenos al mismo tiempo y hasta su amuleto se había levantado de mala gana.
Esa última jugadita...
Cada vez más incómodo, Olimpia seguía perdiendo todas las batallas de esta guerra, hasta las psicológicas, y solamente un suceso milagroso podría ayudarle al equipo de Danilo Tosello; el ingresado Steven Jiménez se convertiría, entonces, en la luz que interceptaría los planes del Tiburón.
Al 76, después de burlar el fuera de juego, no pudo solventar un mano a mano con Donis Escober y bien dicen los viejos futboleros... los goles que dejás de hacer, los sufrís tarde o temprano. Platense lo sufrió tarde, en el minuto 90, el momento más doloroso para que se caiga la carga de petróleo.
Al 88, el último esfuerzo de Sebastián Rosano coincidió con una melé en el corazón del área visitante, para que Jiménez detuviera con la mano un remate de Juan Carlos García. El Chino Tilguath cambió penal por gol (para colmo de males, el balón entró con harta agonía, haciendo carambola con el horizontal) y salvó de la derrota al peor Olimpia de los últimos meses...