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Hospital del juguete, una cura contra la nostalgia   

El «quirófano» trabaja desde 1945 para devolver a la vida a los muñecos más olvidados

04.01.2016

Madrid, España
Una muñeca Nancy que perdió la pierna espera a que su prótesis de látex esté lista para poder volver a andar con normalidad. Mientras se seca la masilla, Antonio Martínez destripa con la ayuda de un destornillador minúsculo un coche teledirigido de la película de dibujos animados Tom y Jerry, de Disney.

Con la precisión de un cirujano, este maestro juguetero, de 63 años, repara el que fue el primer regalo que un abuelo le hizo a su hijo hace más de tres décadas y con el que estas navidades quiere que juegue su nieto.

Este peculiar sanatorio, situado en el barrio de Pacífico (Calle de Granada, 36), es el único que resiste en toda España al paso del tiempo y a la voracidad de las nuevas tecnologías y el consumismo.

Muñecos sin extremidades, un «scalextric» con el circuito eléctrico estropeado y peluches «ciegos» o «mudos», se acumulan en la encimera del taller que fundaron sus padres en 1945.

«Al principio, ellos sólo se dedicaban a la fabricación. Hacían juguetes en madera, chapa, mayólica...», recuerda Martínez, a quien le encantaba pasar las horas en la tienda, «investigando y trasteando con las tripas de todos los cacharros que pillara». «Las hacía dobladas. Pero todo lo que conseguía arreglar o que estropeaba era con el mismo propósito: el de investigar. Lo destripaba todo», rememora.

Sus progenitores llegaron a ganar doce trofeos en la Feria Internacional del Juguete. Hasta que, en el año 1952, llegó el plástico a España. «A partir de ese momento hubo «un cambio radical para el negocio».«Mis padres se asustaron. La creación de juguetes no bastaba para pagar las facturas», reconoce.

Fue entonces cuando el «Hospital del Juguete» se especializó en la reparación de piezas antiguas. «Nos convertimos en el servicio técnico de las principales marcas que había entonces: Famosa, Paya, Jyesa, Rico...»

De su padre heredó ese arte de las manualidades, a lo que se sumó su pericia con la electrónica y la mecánica. «El experto en hacer piezas y modelar era él. Yo me encargaba de los juguetes más modernos, que tenían sistemas eléctricos más complejos», explica.
Las cajas con juguetes pendientes de reparar se acumulan en el taller.