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'El movimiento sindical debe de reforestarse mentalmente”

'Pueden haber corruptos en los movimientos sindicales, pero hay muchos honestos y por eso hago esto, por convicción', dice Daniel Durón.

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12.01.2013

No sabía qué era un sindicato, pero recordó que a su madre, perseguida por sus jefes en el hospital El Tórax, la apoyaban los gremios cuando era llamada a audiencias de descargo y por eso “no lo pensé dos veces” para comenzar el bregar en estas agrupaciones.

Tenía apenas 17 años “y estaba desnutrido” cuando se unió al sindicato de trabajadores de la Suplidora Nacional de Productos Básicos (Banasupro) y a los pocos meses ya había organizado la primera huelga, relata Daniel Durón, secretario general de la Central General de Trabajadores (CGT).

La pobreza fue un martillo que lo moldeó para revelarse ante las carencias y a fuerza de estudio y trabajo logró superarse, dice Durón en entrevista con EL HERALDO.

¿Cuánto tiempo lleva como secretario de la CGT?

Llevo dos períodos , voy a cumplir el tercero. Tengo una trayectoria en la CGT en otros puestos también, venimos desde la base y luego a este puesto tras la salida del compañero Felícito Ávila.

¿Y en el movimiento sindical, desde cuándo?

Creo que fue desde 1982; yo fui a Banasupro, creo que era menor de edad y ahí empecé en el movimiento sindical más por convicción, yo no tenía conocimiento de esto, sino por los acontecimientos que mi madre vivió en su período laboral; ella trabajó en un hospital público, trabajó 42 años en el hospital el Tórax(Instituto Nacional Cardiopulmonar, en la actualidad), yo miraba las injusticias contra ella.

¿Qué tipo de injusticias miró contra su madre?

Por ejemplo acoso. Yo vengo de un hogar de extrema pobreza y cuando a mí me preguntan cómo se autodetermina, digo que yo nunca olvido de dónde vengo, yo vengo de un lugar pobre, de matriarcado. Mi papá se fue de la casa.

Mis hermanos y yo teníamos un solo pantalón para ir a la escuela y mi mamá, que trabajaba en la lavandería del Tórax, lavaba los pantalones ahí y nosotros nos quedábamos en calzoneta en la casa esperándola, y por eso la acosaban, entonces tenía problemas.

Mi mamá se levantaba todos los días a las dos de la mañana... (se pone pensativo y con ojos que casi desbordan en llanto exclamó: “ya casi me pongo triste”). Resulta que cuando le daban la comida y ella se salía para compartír el desayuno con nosotros y por eso la perseguían.

¿Qué tan cruda fue su pobreza?

Extrema. Todos dormíamos en una sola cama, quedé traumado con las goteras y yo no como pan dulce porque sobrevivimos mucho tiempo comprando lo que se llama el desperdicio de las panaderías, lo que no sirve, el pan quebrado de una panadería que queda por el barrio San Felipe, en una cuartería en Pueblo Nuevo que ya no existe. La bolsa de campiranas, los desperdicios, valían 5 y 10 centavos. Así que ni tomo café.

En oportunidades mi mamá compraba un huevo y lo repartía entre los tres que estábamos en la casa.

Eso era cuando teníamos oportunidad, y creo que cuando uno avanza de forma material el tema del sentimiento de clase no se pierde por eso.

Estas cosas las cuento no para aparentar ser mártir.

¿Cómo fue de estudiante?

A mi hermano le serví de tutor, aprendió inglés sin ir nunca a una academia. Los dos sacamos buenas notas en el instituto Central y perdimos la matrícula porque no habíamos pagado unos folletos, quedé debiendo unos folletos y entonces con mi mamá, como era una mujer activa que se mataba por sus hijos, fuimos al Ministerio de Educación y llevamos las dos notas, las mías y las de mi hermano; y cuando miraron las notas dijeron que por qué no nos querían matricular y que más bien nos deberían dar una beca, porque hay alumnos que no van a hacer nada.

En ese tiempo yo era futbolista, jugué en un equipo que se llamaba Unión Católica, y en otros; yo era un desnutrido, pero jugaba. Yo soy aficionado del Real España porque hice práctica con ellos y nos daban vitaminas y una burra (comida).

¿Cuál es el momento en que decide luchar?

Cuándo me ofrecen un trabajo tenía 17 años. Me ofrecieron trabajo en el Banasupro y a los cinco o seis meses de estar ahí pensaron en hacer un sindicato y me dijeron que si me quería apuntar en una lista para organizar un sindicato, yo no sabía qué era un sindicato, pero me acordé, había escuchado cuando los problemas que tenía mi mamá en el trabajo se mencionaba esa palabra y sin pensarlo dos veces, firmé y nos despidieron.

¿Por organizar el sindicato?

Sí, y estuvimos 15 días en las calles, en los tiempos de gobierno militares, protestamos.

Por eso le digo que tengo muchos años en la lucha sindical, porque una cosa es ser viejo y otra que la lucha sea vieja.

Pero le agradezco al Banasupro por haberme dado estabilidad laboral y ahí pude sacar mi casa en el Hato de Enmedio.

¿Dónde más ha trabajado?

Yo solo he trabajado en Banasupro. Cuando fui estudiante trabajé en una empresa, una ferretería, y cuando recibí el primer cheque y me di cuenta que la mejor forma de ayudar a mi madre era trabajando. Tomé el trabajo como una necesidad y una obligación, no tanto para satisfacer mis necesidades, porque no tenía compromisos en ese momento, si no para ayudar a mi mamá.

¿Se considera un sindicalista radical?

Nosotros hemos privilegiado el diálogo, los radicalismos son malos, lo hemos dicho, tanto de un lado como de otro. Por qué no buscar los puntos intermedios, pero es obvio que somos movimientos sociales y no podemos pretender que nos asocien a la derecha, somos de izquierda definiendo de manera ideológica las cosas.

¿Cuándo abandonó su papá el hogar?

Mi padre se fue de la casa cuando yo tenía siete años, abandonó el hogar, así que quedamos mi madre, mi hermano menor y yo, y los dos hermanos nos superamos, yo fui su tutor.

¿Volvió a ver a su padre?

Lo vi ya después de 30 años.

¿Cómo fue el reencuentro?

Difícil.

¿Le reclamó algo?

No, pero hablé con él y mi madre no estaba muy de acuerdo, pero creo no ser rencoroso porque creo mucho en Dios y mi madre nos enseñó eso, ahora no soy tan religioso, pero sí creo en Dios sobre todas las cosas.

¿Perdonó a su padre, entonces?

Sí, platicamos, él tuvo otros hijos, fue una plática de hombres, de amigos.

¿Cómo formó su hogar?

A mi esposa la conocí en el barrio, se crió en un lugar que no era su casa y se crió con necesidades. Yo me casé si saber mucho de eso y no me arrepiento. Cuando yo conocí a mi esposa ella vendía ropa, ella iba a El Salvador a comprar ropa y venderla acá. Yo trabajaba y ella nunca necesitó que yo le diera y ella me ayudó mucho a formarme a mí.

Quien no tenga un sustento familiar que le sirva de soporte para manejar su personalidad, sus actitudes, está listo.

Mi familia es soporte fundamental en lo que hago porque esto es difícil, hay peligros, acusaciones graves que no se contestan a veces.

¿Probó la droga en ese tiempo, cuando era muy común la marihuana en los colegios?

Nunca probé la droga.

¿Pero lo tentaron para que la probara?

Sí. En el tiempo en el que estuve en el Central eso era común, pero nunca probé drogas, gracias a Dios. La marihuana era el auge, se sentía el olor en los baños y creo que ya a estas alturas sería ridículo que lo haga.

Mi mamá me decía: “Puede que la probés, el problema es que te guste”. Eso se me metió en la mente y miraba todo el sacrificio que hacía mi madre.

Cuando ya comenzamos a trabajar nosotros cambió el estilo de vida de mi madre y ya nos pasamos de cuartito, que era de tres metros de frente por cuatro de largo y piso de tierra.

¿Hay dirigentes sindicales que aprovecharon el movimiento para lucrarse?

Como en todos lados, si usted me pregunta si hay corrupción en el movimiento sindical, yo le preguntó en qué estrato de la sociedad no lo hay, si eso es antropológico; pero también hay gente honesta que hace que las cosas sobrevivan, pero cómo usted va a vender un trabajador. Dice un psiquiatra que la corrupción es cuando le tiene miedo al futuro, que si puede arreglar su problema lo hace en unos minutos.

¿Se ha peleado con dirigentes por ese tipo de situaciones?

Los dirigentes tenemos diferencias normales, puede ser por eso o por otra cosa, por mal comportamiento, una mala decisión, una mala actitud.

¿Cree que el mejor gobierno es un gobierno comunista?

No, miré, para mí el mejor gobierno es aquel que entiende la solidaridad y que actúa en función de la gente, los extremos no son buenos. Pero algo deben de tener de bueno, porque si me pregunta qué tiene Cuba de bueno le digo que tiene cero analfabetismo y una salud buenísima.

¿Y qué tiene de malo Cuba?

Para mí las economías centralizadas tienen problemas, yo soy partícipe de la alternabilidad.


¿Está debilitado el movimiento sindical?

Se ha debilitado el proceso social en su conjunto, una porque lo han debilitado. La enorme ventaja que hemos tenido es la desinformación nuestra, el otro tema es cómo reestructurarnos, hay que revisar nuestras estructuras, porque hay que adaptarse. El otro tema es la reforestación, el movimiento sindical debe de reforestarse mentalmente y físicamente también; yo no creo en la petrificación de dirigentes, es una negación al proceso evolutivo. Pero aquí el diablo no puede venirnos a rezar.

¿Quién es el diablo?

Varios políticos, hay que hacer una renovación total, hay quienes tienen 40 años de estar en el Congreso y en sus partidos políticos.

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