Crímenes

Selección de Grandes Crímenes: El jardín de los vicios

Mire, Lic... -dijo, al final de la pausa-; aquí en el ‘tavo’ estamos los que hemos cometido un delito; y nadie que cometa un delito puede decir que fue por error, por casualidad o por equivocación...”.
30.07.2023

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Caso. Emec Cherenfant Laurent, doctor en Medicina, cirujano plástico y reconstructivo, y especialista en cirugía máxilo-facial, es, además, escritor, pintor, coleccionista de arte y un hombre generoso que puso la cirugía plástica al alcance de los más pobres, beneficiando gratuitamente a centenares de personas de todas las edades con cirugías que les cambiaron la vida, o que mejoraron sus condiciones de vida.

Por esto, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez dijo de él: “Emec Cherenfant es un hombre profundamente bueno. Es el apóstol de la Solidaridad en Honduras”.

Pero, sobre todo, el doctor es un agudo observador de lo que pasa en Honduras, y tiene razón al decir que “Honduras no es diferente a los demás países del mundo, sencillamente, porque la maldad y la bondad que hay sobre la Tierra es decisión de cada quien, ya que el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo”

Y agrega: “De aquí que Xiomara Castro no tiene la culpa de que la maldad que anida en el corazón de muchos se manifieste en crímenes horrendos, como el de la niña Keren, de escasos 11 meses, que llegó al Hospital Catarino Rivas, de San Pedro Sula, con supuestas señales de haber sido abusada sexualmente”.Y es que, según declaraciones de la madre, la doctora que atendió a la niña en el hospital, le dijo: “¿Por qué la niña viene abierto del anito, y su parte íntima la trae roja?”

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¿Por qué hizo esta pregunta la doctora? ¿Qué vio en el cuerpecito de la niña? ¿Por qué dijo que “tenía abierto del anito”? ¿A qué tipo de abertura se refería? ¿Era esta “abertura” algún tipo de lesión? Y, si era así, ¿qué tipo de lesión era esta? ¿Cómo y de qué forma pudo hacerse esa lesión? ¿Por qué traía roja su parte íntima? ¿Cómo puede suceder algo así? ¿Por qué en el expediente de la niña se hace mención de abuso sexual?

“Tal vez solo Dios sepa la verdad -dice el doctor Cherenfant-. Y Dios se encargará de hacer justicia”.

Hace una pausa el doctor, mira hacia los lados, como si tratara de encontrar algo a que aferrarse, y exclama, con acento desesperado, en el que se muestra una clara indignación: “¿Violar a una niña de escasos 11 meses? ¡Una niña de escasos 11 meses! ¡Una niñita violada! ¡Un ser indefenso ultrajado de forma tan bestial! ¡Es horrible lo que está pasando en Honduras, con la criminalidad desatada en contra de la gente honrada; pero que algo así haya sucedido es inaceptable, es indignante... y debe ser investigado!”¿Quién más en Honduras está indignado ante este hecho?

Historia

Por supuesto, no es la primera vez que algo así sucede en Honduras. Seres bestiales han violado y matado a niños y niñas de corta edad, satisfaciendo sus peores instintos.

“¿Qué puede hacer la Policía Nacional? -me pregunta un Comisionado General-. Investigar, seguir el caso, encontrar al culpable, si es que hay un culpable en este hecho tan triste, y llevarlo a los tribunales. Lo que no podemos hacer es prevenir y evitar algo así, ya que este tipo de crímenes no se cometen a la luz pública... Los pervertidos se aprovechan de muchos factores que ponen en indefensión a las víctimas, y cometen el delito... a oscuras, podríamos decir...

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La Policía Nacional sirve y protege, ese es nuestro lema, pero no podemos salvar a criaturas indefensas que están a merced de seres desquiciados... Por desgracia, no podemos tener un policía por cada ciudadano.

Por desgracia, como dice el doctor Cherenfant, la maldad ha echado raíces en el corazón humano, y ese corazón perverso es el que lleva a estas bestias a cometer esos crímenes”.

Penitenciaría

Eran las diez de la mañana del miércoles 26 de julio cuando recibí la llamada. Era de un número desconocido.

“Carmilla Wyler -me dijo un hombre, con acento grave, a manera de saludo-. ¿Sabe quién le habla?” -agregó.

“¡Por supuesto! -le dije-. Pero ¿cómo es posible que pueda usted hablar por teléfono si la Policía Militar los tiene bloqueados por todas partes?”

“Mire, Lic... -replicó el hombre-. No crea en todo lo que se dice... Aquí mandamos nosotros, y vamos a mandar siempre...”

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“¿En qué le puedo servir?” -le pregunté, tratando de llevar la conversación por otros rumbos.“

Le hablo por lo de la niña violada en San Pedro -respondió él-. Tenemos amigos afuera que ofrecen 250 mil lempiras de recompensa al que ayude a identificar al violador... Nosotros nos vamos a dar cuenta en el momento en que la Policía diga quién es el criminal, y vamos a hacer que entreguen la recompensa sin hacer preguntas. Lo que queremos es que el man caiga... De lo demás nos encargamos nosotros”.

Esperó unos momentos antes de seguir hablando.

“Mire, Lic... -dijo, al final de la pausa-; aquí en el ‘tavo’ estamos los que hemos cometido un delito; y nadie que cometa un delito puede decir que fue por error, por casualidad o por equivocación... Cada quién sabe lo que hace; y todos debemos ser responsables de nuestras acciones... Si delinquimos, es por voluntad propia; y si la jurumba nos dobla, pues, a pagar como los hombres... Pero cosas así no se pueden permitir. Los niños son inocentes. Las niñas hay que cuidarlas, y maldito el que las viola... Por eso, aquí detestamos al ‘Loco Hugo’, y por eso lo tienen aislado... ¿Se acuerda, Lic., de aquellos menes que violaron y mataron a aquella niña en Guaimaca, y que mataron a machetazos al hermanito que la quiso defender, y hasta le cortaron una manito? ¿Se acuerda? Esas son cosas que no se deben hacer; son cosas que no se deben permitir... Y las leyes deben ser más duras contra este tipo de gente”.

Culpa

El general de la Policía toma un poco de té helado, y dice, poniendo su vaso en la mesa: “¿Quién tiene la culpa de que el Mal, como un ente siniestro y destructivo, vaya por el mundo haciendo daño? Honduras no es diferente a ningún otro país, como dijo el doctor Cherenfant.

El ser humano lleva en su interior la capacidad para decidir entre lo bueno y lo malo; entre lo correcto y lo incorrecto. Sabemos bien lo que hacemos. No es el diablo el que nos obliga a hacer lo malo. En la Biblia está claro que si resistimos las tentaciones del maligno, él huirá de nosotros. Pero no se trata de un asunto de religión, o de creencias místicas. El ser humano debe saber bien que lo que siembra, eso es lo que va a cosechar; y si lo que siembra es la maldad, nos va a encontrar a nosotros de frente, a la Policía, persiguiéndolos hasta ponerlos ante la justicia. Violar a una niña de 11 meses es lo peor que he visto en los últimos días en materia de crímenes; y esto que vemos crímenes horribles todos los días”.

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Hace otra pausa. “Medicina Forense dice que la niña murió a causa de la neumonía... ¿Vieron los médicos autopsiantes el anito de la niña abierto, como lo vio la doctora en el Hospital Catarino Rivas? ¿Le vieron su parte íntima roja, como dijo ella? ¿Por qué escribieron en el expediente de la niña, en el hospital, que había señales de abuso sexual? ¿Por qué razón, un amigo mío, un buen oficial de Policía de San Pedro, me dijo que hay mucho más en este caso?”.

Doctor

El doctor Cherenfant suspira. Y hay en su suspiro algo de desesperanza.“La maldad está por todas partes -dice, después de unos segundos de silencio-. No es culpa de un gobierno, ni de un líder político o religioso...

Mi padre, Michelet Cherenfant, me decía que mucha de la maldad que había en el mundo tal vez era culpa de los padres, que somos los primeros maestros de los niños, y hay quienes educan a sus hijos con muchos malos ejemplos, permitiéndoles muchas malas cosas. Y bien claro está escrito: Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él...

Tal vez es que se está cumpliendo la profecía de Jesucristo que dijo que en los últimos tiempos aumentaría la maldad... Pero la maldad que se ha cometido contra una niña de tan corta edad es una muestra de que la perversidad es mayor de lo que se han imaginado los predicadores...

No sin razón le dolió a Dios en su corazón que hubiera tanta maldad en el mundo... Y tanto le dolió, que hasta se arrepintió Dios de haber hecho hombre en la Tierra”.

Preguntas

¿Qué pasó con la niña? ¿Cuál es la verdad? ¿Alguien se equivocó al emitir un dictamen como el que se dijo al principio a su llegada al hospital? Si hay un culpable de violación, ¿será castigado? ¿Cuántas víctimas más hemos de contar antes de que esta fiesta perversa se termine en el jardín de los vicios?

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Hay alguien que sabe la verdad sobre lo que pasó. Y esa verdad debe ser conocida. Es hora de que cuidemos más a nuestros niños. Es hora de que cuidemos más a nuestras niñas. Es hora de que las penas contra los violadores, contra los abusadores de menores, sean más severas.

Es hora de que el Estado cuide y defienda a los menores, sobre todo, a los más vulnerables, y que haga de este tipo de delito, un delito más grave que el narcotráfico, el asesinato o el lavado de activos.

Como dice el General: “Alguien debe defender a nuestra niñez, en las casas, en los kínderes, en las escuelas, en los hospitales, en las calles, en la misma Dinaf. Es hora de que la presidente Xiomara agarre el látigo de la Justicia en sus manos y lo estrelle en la cara de los malditos abusadores de niños... Y no es que me las tire de poeta, Carmilla; es que ella tiene el poder para hacerlo; no solo porque es presidente de Honduras, sino también porque es madre, porque es abuela, porque es mujer... y nadie siente más el dolor de un niño que una mujer”.