A poco menos de dos meses para elecciones generales, los candidatos con opción a presidente anhelan captar el voto furioso, independiente y joven, con nimias promesas de gobernar por el agro, “erradicar” la indigencia y la criminalidad, juramentos burlescos para un pueblo en desdicha y desconcierto.
El oficialista, Juan Orlando Hernández Alvarado, sueña generar “empleos de sobra” (blindado con 60 soldados), remozando rincones en lugar de darle esa faena a quienes los habitan. Da la impresión que, de ser presidente, redoblará el paternalismo y la holgazanería para conservar un poder omnímodo.
Hernández Alvarado, tal como recién lo apuntamos, sale animando un “extreme makeover” (populismo), con una gigantesca tropa de coagentes pagados maquillando cuchitriles de personas menesterosas o, de la tercera edad. ¿De dónde sale el dinero? ¿De su bolsa o de la oscuridad?
Consideramos plausible la intención del consagrado de Pepe Lobo, pero creemos que los beneficiados tienen familiares cercanos a quienes se les debe de enseñar a trabajar (dándoles herramientas, materiales y salario) y no a pender de políticos padrinos eternos de la pereza.
DEMAGOGIAS: Esa flojera tiene un costo muy alto para los hondureños sometidos a “paquetazos” económicos (Lobo y Hernández llevan siete) para saludar con sombrero ajeno entregando el Bono Diez Mil, la Bolsa Solidaria (prostituida por sus diputados) y la Matrícula Gratis.
Pensamos que los favorecidos (madre o padre, jefes de familia) deben tener, por lo menos, la responsabilidad de asear las escuelas o centros de salud de sus comunidades. Así no tendremos más inútiles (saludables) mendigando por culpa de postulantes mediocres.
Hernández cansa con un partido que dice es el “más grande y efervescente de Centroamérica”. Ensaya lanzar a las calles mil 500 militares prometiendo “empleo, seguridad y educación”. Es un calco frágil de Pepe, que nos postró con su roto eslogan “trabajo y seguridad”. Casi treinta mil muertos en su régimen es nada. ¡Salud!
Sin ser eruditos en márquetin político, en otro de nuestros comentarios advertimos que una elección se pierde o se gana en horas tras el triunfalismo de Libertad y Refundación (Libre) y del Partido Anticorrupción (Pac), que figuran “ganar” en las encuestas y no en las urnas.
Carlos Manhanelli, experto brasileño en casi 260 maniobras electorales, sugirió a los candidatos hondureños no alucinar por sondeos que “no son nada: ‘Yo he cambiado campañas hasta en 24 horas’”, dijo, tras asegurar que los cálculos se revierten con tan solo una palabra, un gesto o con una mala posición se derrumba todo”.
Manuel “Mel” Zelaya Rosales desbordó en egolatría y extrema excentricidad creyendo que los millones (del Estado), que derrochó en su “cuarta burla”, lo harían un poderoso imbatible y por eso urgía de su estatua de “ilustre” que hizo retumbar los sepulcros de nuestros próceres.
Pepe (en año electoral) cuestiona su latrocinio si él mismo, en lugar de llevarlo a la cárcel, lo condujo radiante al Toncontín donde lo despidió para que soñara lozano en una quinta de República Dominicana. Amor del bueno, hasta que la muerte nos separe.
LOS NOBLES: En ese afán de “noble”, “Mel” aprobó un salario mínimo que sigue maravillando a la clase trabajadora, sin medir sus nefastas repercusiones, que dejó sin empleo a centenares de compatriotas y provocó la quiebra total de pequeñas, medianas y grandes empresas. Así se sentía magno y dominante frente al poderío.
Nadie piensa, por el pico, si sus gustos tiránicos son sostenibles con la realidad. Nos bombardean por cielo, mar y tierra que son caritativos de nacimiento cuando sólo desde el poder mismo regalan lo que no les pertenece. En la llanura ni siquiera recuerdan a los indios tolupanes.
Hernández riñó los excesos de Zelaya, hoy lo dobla como actor. Simula apego por el indigente porque domina el erario desde su ostentoso sillón. “Váyanme buscando a los carpinteros, a los albañiles y a los pintores porque en mi gobierno habrá trabajo de sobra para arreglar las casas de la gente humilde”, dice en ruidosa arenga.
EL GRANDE: Presumido de gobernante, aprovecha (igual que “Mel”) la inopia de los deshilachados (descubrir la hebra como dice Lobo). Llega hasta sus covachas convertido en un súper hombre y, de la mano de un grupo de sus constructores, la transforma con dinero del mismo pueblo.
De aquí a noviembre, dejará unos 20 hogares afeitados, tal vez no como sus “humildes” moradas de San Ignacio o de El Molinón, en la cordillera de Celaque, provistas de helipuerto, pero parecido. Algo es algo. Seguro que esas mejoras nos costarán otros siete “paquetazos” fiscales. ¡Soy Juan Orlando, el grande!
El liberal Mauricio Villeda Bermúdez, que según rastreos va en ascenso, habla en su propaganda que muchos chocan con su seriedad. “No me río ni saco canciones porque voy al grano”. Recientemente dijo que dará seguimiento a los proyectos buenos de Pepe Lobo. Ojalá no emule sus “leñazos”.
Promete mejorar y acondicionar los hospitales públicos, en infraestructura, funcionamiento y administración con una atención primordial en compra de medicamentos. Villeda, por lo menos, debe peinarse, vestir mejor, bajar la tripa y recortarse el mostacho para no verse laso.
MUÑECA: La candidata de Libre, Xiomara Castro, está mejor “calladita” (lección de Pepe). No asiste a ningún foro y, peor, a los del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, Cohep, porque si le preguntan de macroeconomía siempre solfea: “golpe de Estado”, con una milicia jugando y pin-pon en las barracas. ¡Profunda!
El presidenciable pinuista, Jorge Aguilar, expuso su plan de gobierno en tres ejes que son seguridad pública humana e integral y jurídica. Apoyo total a la juventud con empleo, salud, educación, vivienda, deporte, arte, cultura y recreación.
O sea que nos rellenará de impuestos para pagar sus ofertas. ¡La tuya!
Salvador Nasralla, del PAC, confió hace unos días que no volverá a referirse a “fraude electoral” pues el país está “secuestrado por corruptos”. Insiste que de ser presidente meterá los podridos en prisión.
El resto de pretendientes provoca angustia. La misma canción de más de una década. Empleo, seguridad y educación. Debemos elegir para votar por el menos peor que enfrente con gallardía, y no con labias, la realidad que vivimos.
¡Ojo! Algunos andan con cara de manso y creen que nosotros somos tontos.