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A Zelaya y compañía se los tragó la tierra

Zelaya es el Harrison Ford hondureño. Es el fugitivo más buscado, con la diferencia de que su persecución no es ficción. Si el exjefe del IHSS y sus amigos no cometieron delito, ¿por qué huyeron?

23.02.2014

Al doctor Mario Zelaya Rojas y sus excolaboradores se los tragó la tierra o, las autoridades, adrede, se resisten a capturarlos en medio de diversas estrategias oficiales para desviar el infortunio en que dejaron el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS).

La cultura de la no denuncia o de ocultar la corrupción y la impunidad contribuyen al desatino de topar a Zelaya Rojas y al resto de oficinescos acusados de una ristra de delitos que no solo quebraron la noble institución, sino que dejaron a la deriva la salud de los afiliados.

ESTADO DE BOTÍN: El “informe” de los interventores fue más de lo mismo. Todos callan sobre quiénes realmente cometieron el multimillonario asalto. Un empresario, exsimpatizante del pulcro Manuel Zelaya Rosales, acusó que el expresidente Porfirio Lobo Sosa sabía del pillaje y no actuó contra sus actores.

Las arcas públicas son botín. El burócrata llega para robar y, si no lo hace, es tonto. Seguimos viendo centenares de carros del Estado en comercios, supermercados, cines, escuelas privadas, casas particulares y hasta en moteles. Es honroso ser cómplice del abuso.


TIGRES NO PUEDEN CON GATOS: Ni la Fuerza Tigres, la Policía Militar ni la Interpol logran localizar a Zelaya Rojas y a sus discípulos quienes, como panteras, siguen burlando todas las fronteras tras su paso demoledor por el centro asistencial. ¿Ya arreglaron el tamal?

El gobierno de Hernández Alvarado debería (recordatorio) ofrecer recompensa para capturar a Zelaya Rojas y compañía. Así se logró coger y encarcelar a la banda de Héctor Orlando Cruz Ríos, alias “Pantera”, señalado de matar al guardia bancario Jonathan Perdono.

NOS PARECEMOS: Quién iba a creer que un hombre totalmente desconocido para los hondureños sería apresado supersónicamente junto a sus secuaces que operaban desde el centro penal de El Progreso, Yoro. Por cierto que el “Pantera” frunce el ceño y tiene facciones similares a las de un exmandatario.

PREMIO Y CAPTURA: Queda claro que la población colabora más cuando se promete premio por aprehender criminales como Cruz Ríos que dejó en la orfandad a tres pequeños. Siendo muy públicos la mayoría de exfuncionarios del IHSS no será difícil arrestarlos y, si hay estímulo, caerían más temprano que tarde.

Seguimos sin entender el porqué las autoridades solo recluyeron a José Ramón Bertetty, exgerente financiero del Seguro Social, si supuestamente, la Junta Interventora recopiló la mayoría de documentos que sustentan el latrocinio avalado por quienes eran sus jefes.

No estamos menospreciando, en lo mínimo, la labor del Ministerio Público ni de los órganos policiales de investigación, pero en nuestro país robar es sinónimo de inocencia. ¿Tuvo tanto poder Bertetty para ordenar compras irregulares por más de 5 mil millones de lempiras?

ATASCOS: Las indagaciones sobre el descalabro económico iniciaron hace dos años, pero fueron suspendidas por una voz femenina del “pepismo” que ordenó la rotación de dos fiscales considerados “estorbos” para determinados miembros de la Junta Directiva de esa institución.


ZELAYA NO SE HALLA: El secretario de Seguridad, Arturo Corrales Álvarez dijo tácitamente que Zelaya está fuera del país, pero no explicó el porqué no lo detienen. Hay que pedir “pepe” para tener tanta leche. Sobre la tumba de aquellos que murieron por falta de medicinas sólo queda una rosa testigo del crimen.

Zelaya es el Harrison Ford hondureño. Es el fugitivo más buscado, con la diferencia que la persecución contra el ilustrísimo doctor no es ficción. Si el exjefe del IHSS y sus amigos no cometieron delito, ¿por qué huyeron? El que no la debe no la teme. No solo los extorsionadores delinquen.

Presumimos que su escape tiene tutores de mucho poder político y económico que metieron sus uñas en el centro hospitalario. Al caer Zelaya y el resto de cómplices se derrumbaría el cabecilla. Si los cuerpos policiales fracasan en su arresto, el régimen de Hernández sería la sombra de su antecesor.

NO SE EQUIVOQUEN: No deben admitirse errores ni justificaciones. Como presidente, jamás perdone yerros o soplones de subalternos. ¿Habrá puesto ultimátum a la policía para su localización y que sean encarcelados sin derecho a fianza? ¿Saldrá goleado como “Pepe” Lobo?

Se nos confió que a uno de los directivos del IHSS le fue tan bien en los sucios negocios que en su partido no lo quieren ver ni en pintura. Sólo falta que ciertos de sus protagonistas riñan prestaciones desde la clandestinidad tal como hizo Ada Muñoz, exjefa de Control de Ingresos de la Alcaldía sampedrana.

Frente a la manifiesta incapacidad por enjaularla, Muñoz cínicamente envió su abogado a exigir beneficios laborales (unos 6 millones de lempiras) porque se considera “injustamente despedida”. Sus bienes fueron incautados por los tribunales. En el IHSS, sus exfuncionarios empeñaron el patrimonio de los asegurados.

EL TUFO DE HAM: La fetidez del pasado régimen es cada vez más insoportable. El exdirector del Instituto Nacional Agrario (INA), el conspicuo César Ham, ahora es beneficiario de la “reforma agraria” con un terreno de casi 2 mil varas cuadradas en Potrerillos, aldea de Yaguasire, al sur de la capital. “Ni cuenta me doy”, sostuvo. ¡Gracias a Dios que no es gemelo!

El predio era del sindicato del INA para un proyecto habitacional de sus agremiados, pero sus dirigentes no olieron la “donación” para el pobre y desabrigado Ham quien, preocupado por las deudas de su partido, se vio “obligado” a transar dispensas de lujosos autos siendo diputado udeísta al Congreso Nacional. ¡Proletariado chico!

Hernández Alvarado, a nuestro criterio, tiene los primeros seis meses de gestión para demostrar que sus aparatos de justicia serán infalibles metiendo a las ergástulas a los corruptos, sea quien sea. Imponga su mando porque el tiempo transcurre y los altos malhechores burgueses siguen de fiesta. “Ley seca” para los bellacos.

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