Honduras enfrenta una compleja y profunda crisis, manifestada de diversas formas. Cualquiera podría inferir que nuestros compatriotas están sumidos en la desesperanza, el derrotismo, la amargura. Afortunadamente, no es así. Y ello habla muy bien de la conciencia y el carácter colectivo. Se han mantenido, incluso fortalecido ante la adversidad los sentimientos de solidaridad, de recíproco apoyo, de amistad.
Los lazos interfamiliares también se han consolidado. Así vemos cómo aquel o aquella que se encuentra en mejor posición socioeconómica está ayudándoles a sus parientes que se encuentran sin empleo o que padecen quebrantos de salud.
Desastres naturales y humanos recientes dan fe de la capacidad del hondureño de remontar circunstancias especialmente difíciles: el huracán Mitch, de efectos devastadores, provocó que perecieran y/o desaparecieran unos 10,000 seres humanos, antes de destruir gran parte de la infraestructura y miles de viviendas; sin embargo, no logró vencer la voluntad colectiva por reconstruir la nación, para lo cual también intervino la oportuna cooperación internacional.
El hecho de que no incurramos en fanatismos religiosos o político-sectarios, cuando otros naciones se autodestruyen, habla bien de nuestra tolerancia, capacidad de diálogo y concertación para llegar a consensos.
Tampoco somos renuentes a los cambios, siempre que estos sean concertados y beneficien a la colectividad; cierto, respetamos la tradición, pero no estamos aferrados a ella, siendo capaces de conservar lo positivo de la misma y descartar lo ya obsoleto.
Naturalmente existe el conflicto, presente en toda estructura social y que contribuye al dinamismo: también acusamos desigualdades en ingresos y oportunidades. Pero lo fundamental es que no permanecemos pasivos, por el contrario, buscamos las maneras democráticas de neutralizarlas o cuando menos reducirlas.
Dos ejemplos deben ser estudiados, por ser modelos de emprendedurismo e iniciativa personal: la existencia de micro, pequeñas y medianas empresas que emplean a miles de compatriotas al crear puestos de trabajo que permiten una decorosa subsistencia a muchas familias; el otro es el de los discapacitados y minusválidos, que a pesar de sus limitantes físicas y de ocasionales discriminaciones, se integran a las actividades académicas y laborales de sus comunidades, en el proceso dándonos un digno ejemplo de superación, de voluntad de vivir a plenitud.
El compartir grandes propósitos y objetivos significa la acumulación de fuerzas y talentos, lo que posibilita encarar el presente y el futuro, el hoy y el mañana con la convicción de que si somos capaces de ser cada vez menos imperfectos, menos egoístas, más unitarios y más trascendentes.